Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de agosto de 2019

182. El culto negro de Almería

Este verano volví después de muchos años a Almería, a reencontrarme con parte de mi familia y a descubrir algunos de los secretos que esconde la ciudad. Y, aparte de la extraordinaria Alcazaba y la presencia con la que se deja sentir Al-Ándalus, he encontrado un punto interesante en el "culto negro" de esta ciudad. Y cuando digo esto me refiero a sus dos advocaciones más importantes: el Cristo de la Escucha y la Virgen del Mar. Dos tallas negras, y ya se sabe, donde hay culto a figuras negras, hay algo interesante...


Imagen relacionadaResultado de imagen de cristo de la escucha

Empecemos por el Cristo de la Escucha. No se trata sólo de una de las imágenes más veneradas de la capital almeriense, sino también de toda la provincia. Empecemos, como siempre, por lo que dice la leyenda (ya que siempre esconde posos de verdad). Se dice que tras la reconquista cristiana de la ciudad en 1489, una familia de cristianos viejos ocupó la casa de unos moriscos. Esta familia, y todas cuantas ocuparon el inmueble después de ella, todas ellas no paraban de oír la palabra "¡Escucha!", por lo que derribaron la pared de la que parecía provenir aquella extraña voz. Una vez derribada la pared y el tabique fue hallada esta imagen, que denominaron Santo Cristo de la Escucha.

Lo más seguro es que la llegada de esta imagen a Almería habría tenido lugar entre 1147 y 1157, cuando la ciudad estaba siendo tomada por las tropas de Aragón, Génova y Pisa, que se había aliado con el rey Alfonso VII para intentar recuperar la ciudad de manos musulmanas. Tras 1157, cuando la ciudad volvió a ser conquistada por los musulmanes, la imagen habría permanecido oculta emparedada durante tres siglos para protegerla de una segura destrucción, siendo encontrada por casualidad mientras se derribaba una casa tras la reconquista cristiana. La pregunta es evidente: ¿cómo llegó esta escultura en primer lugar a manos de Alfonso VII? ¿O llegó a tierras andaluzas de mano de tropas genovesas o pisanas? Veamos, lo que más nos puede facilitar información es el hecho de que el Santo Cristo de la Escucha es un Cristo Negro. Es muy interesante porque, si bien es algo medianamente habitual en Centroamérica, su origen no es en absoluto común y tiene lugar en España. Concretamente en Cáceres, donde aún hoy existe la Cofradía del Cristo Negro, un crucifijo que se sacaba en procesión durante las epidemias de peste o las sequías, y sobre el que corren numerosos rumores, entre los cuales destacan dos: aquellos que miren a ese Cristo a los ojos sin fe verdadera serán muertos en el acto, y quienes le toquen sin antes rezar el Padrenuestro, también morirán inmediatamente. Es, en definitiva, un Cristo de muerte para combatir la muerte. Y esto me recuerda poderosamente a Osiris. ¿Quién sabe si el origen del Cristo Negro no habrá que buscarlo en el culto a Osiris que trajeron los romanos a la península? Después de todo, no podemos olvidar que existió un templo de Isis en Itálica (provincia de Sevilla) y otro en Baelo Claudia (provincia de Cádiz), cuyos restos se conservan. Personalmente, me inclino por esta hipótesis: el origen del Cristo Negro hay que buscarlo en el culto a Osiris, un dios a la vez de la vida y de la muerte, a la que a veces se le representaba con la piel verde y, otras veces, con la piel negra. 

Además, la escultura original del Santo Cristo de la Escucha, de estilo gótico, tristemente fue destruida durante la Guerra Civil, por lo que en 1941 fue sustituida por la actual imagen, obra del polifácetico artista almeriense Jesús de Perceval, que al parecer la realizó sin ningún dinero a cambio debido a la devoción que le profesaba a la anterior imagen. Y este Jesús de Perceval fue figura clave del movimiento indaliano surgido en la década de los 40. Este movimiento se inspiraba en las raíces de la tierra consideradas desde una perspectiva global, ensalzando el carácter ancestral, mágico y espiritual de las culturas del sureste peninsular, resumido éste en el indalo, símbolo de las civilizaciones prehistóricas, y en la presencia en la región de San Indalecio, uno de los primeros evangelizadores de Iberia, símbolo a su vez de la espiritualidad cristiana. El uso del pensamiento mágico y simbólico encaja perfectamente con la historia del origen del Cristo Negro que planteamos aquí.


Resultado de imagen de jesús y osiris

Si el Hijo aparece en Almería con la piel negra, su madre no puede ser menos: la advocación más importante de la ciudad es la Virgen del Mar, una virgen negra. Patrona de la ciudad, que la comparte con Santander. Dos vírgenes negras, una al sur y otra al norte, vinculadas con el mar. Otra, en el centro peninsular (la de la Almudena/Atocha, pues en realidad es la misma, seguramente diferenciada por los cultos de verano/invierno) es el centro de la balanza. Pero volvamos a la Virgen del Mar de Almería. Su talla, de finales del siglo XV, se encontró en Torregarcía, donde en el siglo XX se levantó una ermita a la que se marcha el segundo domingo de enero en romería. La talla de la Virgen está realizada en madera de nogal, en estilo gótico, con el Niño en brazos y la corona formando un solo bloque. Es una lástima que la hayan vestido y coronado tan aparatosamente en el siglo XVII, pues en su sencillez debe ser realmente hermosa. 

Virgen del Mar.jpg

La Virgen fue encontrada en la playa de Torregarcía, en Almería, en 1502. Cuenta la tradición que, al alba del 21 de diciembre de 1502, los guardas de la torre García, mientras hacían su turno de vigilancia de la costa, vieron surgir de las aguas un torbellino de luces que ascendía del fondo del mar y cuyos destellos parecían dar cobijo a una extraña silueta igualmente resplandeciente. Según dijeron luego, la aparición de aquella figura iba acompañada de una extraña luminaria y de otras señales misteriosas y extraordinarias. Desde lo superior de la torre, los vigías percibieron cómo la misteriosa imagen iba acercándose despaciosamente a la playa rozando las olas del mar, sin vaivenes ni paradas, como viajero consciente de que encamina sus pasos a un lugar ya determinado. La imagen refulgente rebasó la línea que lamían las aguas, penetró unos cuantos pasos playa adentro y se quedó fija sobre la arena.

Uno de los guardas, que respondía al nombre de Andrés de Jaén, se sintió atraído por el maravilloso resplandor y determinó bajar de la atalaya y acercarse a ver qué era. Un tanto temeroso, fue aproximándose aquel buen hombre al lugar de donde procedían los fulgores. Su fe cristiana ya había suscitado en él el presentimiento de que se trataba de algo piadoso y sobrenatural. Y, con el ánimo sobrecogido por esta idea, se acercó al foco luminoso y pudo constatar que se trataba de una imagen de la Virgen María, la cual llevaba en sus brazos la de su divino Hijo. El sorprendido vigilante examinó detenidamente la talla y halló en ella evidentes señales de haber pertenecido a algún navío, cosa que corroboró al descubrir que tenía una fuerte argolla de hierro en la parte posterior. Este aro de hierro ya oxidado le hizo pensar que podía haber estado sujeta en el altar o a la proa de alguna embarcación como muestra de devoción y piedad, para alcanzar, por intercesión de la Virgen, la protección divina en la cotidiana lucha de los marineros contra las borrascas y los peligros del mar. No paró en esto lo sorprendente del caso. En el mismo sitio en donde la sacra imagen se había posado, en aquel sitio yermo por su salinidad y próximo a las aguas marinas, empezaron a brotar espontáneamente unas cuantas matas de lozanas y fragantes azucenas hasta formar una suerte de pequeño oasis en aquella arena.


La talla está fechada en el siglo XII, y la iglesia que la alberga (la Basílica de Nuestra Señora del Mar) se alza donde antiguamente se encontraba una mezquita. Así que con esto me surgen varias dudas. Primera, ¿qué motivos podía tener un navío para escoger como devoción particular precisamente una virgen negra? El mito de que matojos de azucenas empezaron a crecer sin control en la playa es un claro eco de la fertilidad de la Diosa, cristianizada en la virgen negra. Pero, ¿por qué elegir el lugar donde se encontraba la mezquita y no otro para levantar la basílica? ¿Quisieron aprovechar ese terreno sagrado en vez de buscar otro o es que en realidad el culto a la Diosa nunca se movió de allí? Demasiadas preguntas sin respuesta respecto a la virgen negra. Una cosa es segura: la Virgen del Mar es objeto de muy profunda devoción entre los almerienses. Como antaño, la Diosa ha encontrado un lugar en el corazón de sus fieles.

Imagen relacionada

miércoles, 3 de julio de 2019

177. Meditaciones en torno a un nenúfar

Lo que esta semana nos ocupa no es un nenúfar común, sino uno muy especial, no sólo por su significado sino porque no es real, está pintado. Pintado sobre una tabla a la que le tengo especial cariño, ya que entra dentro de mis piezas favoritas del Bosco. Este nenúfar aparece representado en su obra La extracción de la piedra de la locura, una pequeña pintura de finales del siglo XV o principios del XVI que decora la pared lateral izquierda de la sala 56A del Museo del Prado, muy cerca del titánico Jardín de las Delicias. Esta obra es mucho más pequeña y a menudo pasa casi inadvertida, pese a su trascendental importancia. Tod@s aquell@s que han hecho la visita monográfica del Bosco en el Prado conmigo saben todos los entresijos de esta pintura, y no quiero transcribirlos aquí. Lo que me interesa contar es algo que no suelo decir en la visita por falta de tiempo, y tiene que ver, claro, con el susodicho nenúfar. Una flor que sustituye a la famosa piedra de la locura y que es extraída de la cabeza del protagonista.


Era una práctica médica habitual a lo largo de la historia, tan frecuente como ir al dentista: una trepanación. La "extracción de la piedra de la locura" consistía en abrir un agujero en el cráneo para eliminar bultos que se podían producir por la acumulación de piedras minerales, similar a lo que ocurre con un cálculo biliar. Mediante la extracción se creía que no solo se acababan las dolencias mentales, sino también el rastro de todo mal. Los artistas que representaron esta práctica habitualmente lo hacían de forma mordaz, para criticar la práctica de una medicina a veces ingenua, más veces aprovechada. Pero el Bosco se separa de sus compañeros en un detalle crucial: en vez de representar una piedra, lo que el "médico" está sacando de la cabeza de su paciente es el nenúfar cerrado, que tiene una simbología asociada muy interesante.
Se ha planteado que sea en realidad un tulipán, pero esa tesis se ha descartado por dos razones. La primera es que no hay ninguna referencia de que existiesen dibujos de tulipanes en libros para ser copiados por el Bosco. La segunda, que el tulipán no llegó a Europa hasta 1545 procedente de Turquía y no se empezó a plantar en Leiden (Holanda) hasta 1595. El Bosco había muerto en 1516, así que es imposible. No, es un nenúfar casi cerrado. En Oriente y el Este de África (sobre todo en Egipto) se le llamó "loto". Y ahora las piezas empiezan a encajar, ya que es una planta que ha recibido una profunda devoción en todo el mundo, aunque lo asociamos más con el mundo oriental. El hecho de ser una planta sagrada en Oriente no habría impedido al Bosco llegar a su conocimiento, tan amante como era de las manifestaciones "internacionales" de lo sagrado, pues nos ha demostrado que incluso conocía técnicas de meditación yóguicas de la India (plasmadas en el famoso Jardín y en su Mesa de los pecados capitales, sin ir más lejos). Es curioso porque en Oriente el loto/nenúfar va asociado a la iluminación y el conocimiento. En Occidente ha estado más asociado con la fertilidad sexual, en concreto la masculina. Pero hoy me interesa relatar algo que no cuento en las visitas por falta de tiempo: el simbolismo que le asociaban los egipcios.

 
Representación de la Nymphaea caerulea, conocido como nenúfar azul, loto azul egipcio o loto de Egipto en una tinaja de la dinastía XVIII (1550-1295) encontrada en Amarna

El loto o nenúfar era muy importante para los egipcios, de hecho las columnas de sus templos tenían capitel lotiforme, con forma de loto. Pero lo interesante es que también cumplía un papel ceremonial, pues tiene propiedades psicodélicas: las dosis de 5 a 10 gramos de flores inducen una ligera estimulación, un cambio en los procesos de pensamiento y un aumento en la percepción visual. Es curioso, porque una de las cosas que más se repiten en cuanto a la interpretación de las obras del Bosco es que para acceder a su plena comprensión, los que se enfrentaban a ella lo hacían bajo los efectos del famoso cornezuelo u hongo del centeno, cuyo consumo tenía también propiedades psicodélicas. El uso de sustancias alucinógenas con fines espirituales está muy bien documentado desde la Antigüedad, y la época del Bosco no era una excepción. Hay personas que con mera concentración y meditación ya consiguen estados alterados de conciencia que les permiten, en efecto, cambiar los procesos de pensamiento y ampliar su visión de las cosas. Otros necesitan un empujoncito, y eso lo facilitaban los alucinógenos. Y cuidado, ambas vías eran igual de válidas, si bien la vía directa (mística) estaba mejor valorada dentro de las sociedades o hermandades que se dedicaban a la búsqueda de las verdades trascendentes. Pero no quisiera yo desviarme del tema, sino terminar ya: al protagonista de la tabla le están extrayendo un nenúfar, que el Bosco vincula con el simbolismo de la amplitud de visión. Es decir, es una crítica a aquellos que persiguen y anulan a los librepensadores, algo muy común en una época famosa por su intolerancia religiosa. Y este es sólo uno de los muchos mensajes que encierra esta tabla, una de las más profundas y tristemente de las más ignoradas. Merece la pena husmear en los detalles de esta obra, pues ahí están los mensajes.

P.D. Quedo muy agradecido a Eduardo Barba, jardinero, profesor e investigador botánico, que me confirmó muy amablemente que la planta no era un tulipán, sino un nenúfar. 


Resultado de imagen de la extracción de la piedra de la locura el bosco

miércoles, 29 de mayo de 2019

172. Por qué la calvicie

La semana pasada ya planteamos el proyecto de dedicar tres entradas a los tres posibles significados etimológicos de mi nombre, César. La primera estaba referida al cabello (que podéis leer aquí). El segundo significado posible también es "cabellera", pero como una jocosa referencia a su pérdida. Así que hoy vamos a hablar del sentido simbólico de la calvicie.

La tonsura de San Francisco nos habla de su mudanza de una vida de privilegios a otra de servicio religioso. "Sermón a los pájaros", de Giotto. Basílica de San Francisco de Asís (c. 1300, Italia)

San Francisco, que en la pintura de Giotto está predicando a los pájaros, nació en Asís en un mundo de comodidades y privilegios. Después de una alocada juventud, renunció a su riqueza para dedicarse a una vida de pobreza y compasivo servicio a los pobres y enfermos. Cuando san Francisco y sus seguidores entraron en el clero de la Iglesia medieval, fueron tonsurados (del latín tondere, "trasquilar"), y sólo se les dejó una corona de pelo en la cabeza. En el fresco, el nimbo dorado que rodea la cabeza del santo se hace eco de la tonsura, que a su vez imita tanto la corona de espinas de Cristo como la de su divina realeza.

El cabello, ya lo vimos, puede ser una aspecto tan significativo de la identidad que su rapado voluntario suele experimentarse como un acontecimiento de elevada importancia. Desde la Antigüedad, el pelo se ha asociado a la belleza y, en los hombres, a su vigor sexual y generativo, dada la asociación del pelo con la cabeza y sus fluidos vivificantes. Quedarse calvo era visto como una especie de sequía, como los árboles secos que no dan hojas. Al mismo tiempo, en determinadas culturas y en la moda actual, a veces se considera que la calvicie revela y realza la belleza de la cabeza. La calva puede denotar una persona estudiosa, o un intelecto superior. No obstante, la historia de la caída de Sansón después de que Dalila le cortase el pelo da testimonio de la antiquísima noción de la eficacia mágica del cabello. Los hombres recurren a pelucas, implantes y medicamentos para invertir la calvicie no deseada. Y tanto a los hombres como a las mujeres puede resultarles profundamente traumático el sufrir la pérdida del pelo debido al envejecimiento, la enfermedad o la quimioterapia, pues puede perturbar e incluso alterar de forma permanente la imagen de uno mismo.

    
"Unadorned", fotografía de Katrin Brännstöm, 2001, Suecia

La noción del cambio interior es crucial para el significado simbólico de la cabeza desnuda. Afeitársela con fines rituales transmite la idea de consagración, iniciación y transformación espiritual. Al entrar en una orden religiosa (o en el ejército), uno renuncia a una parte de su individualidad por el bien del grupo, un sacrificio que se exterioriza mediante el rapado craneal. Como la cabeza de la muerte o la casi calva de un recién nacido, la del neófito que se la afeita para su iniciación representa una muerte y un renacimiento psíquicos.

Una cabeza rapada también puede significar un castigo, una degradación o algún tipo de deshumanización, como cuando tradicionalmente se rapaba a los criminales, o a las mujeres que confraternizaban con el enemigo en la guerra. En el caso contrario, los monjes y monjas de las órdenes religiosas hindúes, budistas y cristianas, al afeitarse la cabeza, hacen visibles su votos, cortan la conexión con el imperativo de la atracción sexual y se exponen a la influencia directa de lo sagrado.

La fuerza simbólica de la calvicie tal vez radique precisamente en que expone la superficie de la cabeza: la sesera, el recipiente del entendimiento y el cambio potencial, el contenedor de los pensamientos e imaginaciones íntimos de uno. Aunque la calvicie se relaciona simbólicamente con la receptividad a lo espiritual y con la nueva vida, también evoca desnudez psíquica y física, así como una gran vulnerabilidad. La inevitabilidad del cambio puede requerir de uno que se resigne a estar calvo, pero una persona puede hacer una declaración rapándose el cráneo, en ese caso las imágenes del principio y el fin, lo masculino y lo femenino, la naturaleza y el espíritu pierden sus marcadas diferencias.

miércoles, 22 de mayo de 2019

171. Por qué el cabello

Esta misma mañana estaba charlando por WhatsApp con una amiga sobre la etimología de nuestros nombres. El mío, César, es de origen latino. Sin embargo, su etimología está discutida. Y me apetece contaros, a lo largo de tres entradas, los tres significados que puede tener este nombre. Asimismo, os animo a ponerme en los comentarios la etimología de vuestros nombres, que muchas veces resultan sorprendentes. En lo que respecta al mío, como he dicho, tiene tres significados posibles: cabellera, cabellera en un sentido jocoso de pérdida de la misma, es decir, calvicie; y elefante. Hoy vamos a hablar del sentido simbólico de la cabellera, del pelo. Su iconografía es abundante y maravillosa en sus facetas. Y para prueba, una imagen.

La imagen puede contener: una persona, interior
La santa cristiana María Magdalena, envuelta en su cabellera roja, rodeada por las ocho historias que se atribuyen a su vida. Retablo de madera, obra del Maestro de la Magdalena (c. 1280, Italia)

Sin adornos e ignorada por su dueña, la melena suelta de María Magdalena vela el cuerpo desnudo de la, según la tradición cristiana, pecadora arrepentida. El cabello pelirrojo ha significado ardor erótico y disipación sexual, un temperamento fogoso e impredecible, la ira del dios Marte y el misterio de la brujería y el Diablo.

El pelo es increíblemente potente. Puesto que los folículos de la raíz yacen invisibles bajo la piel, se asocia el cabellos a ideas, anhelos y fantasías interiores y, por tanto, involuntarios. Inconscientes. Su aspecto nos dice algo sobre el estado de la "cabeza" que hay debajo. Un pelo sucio, enmarañado y lleno de piojos nos habla de perturbación mental, pero también de retiro ascético y menosprecio por lo mundano y corporal. Al contrario, los ordenados rizos que aparecen en la iconografía tradicional del Buda reflejan serenidad e iluminación espiritual. El dios Apolo es presentado con cabellos dorados de corte clásico que recuerdan al Sol, mientras que Dionisos aparece con el pelo oscuro, caótico y enredado como las vides silvestres. El cabello negro y rebelde de Harry Potter es señal de ideas poco comunes y habilidades mágicas. El largo cabello de Sansón denota su condición de nazareo (del hebreo nazir, "apartado para Dios"), y ese pacto con Dios le otorga su proverbial fuerza sobrehumana.

El cabello de Sansón, "que ninguna navaja había tocado nunca", es cortado por los filisteos mientras duerme en las rodillas de la traicionera Dalila. Con el corte de pelo se esfuma su fuerza sobrehumana. Sansón y Dalila, de Carlo Cignani (1628-1719)


El pelo tiene ADN y, por tanto, está determinado por la raza, la etnicidad y el sexo, pero el corte o el peinado pueden revelar por su parte individualidad o conformidad, libertad o inhibición, e incluso la religión, profesión e ideas políticas de su dueño y los ídolos o los modelos con los que se identifica. La vitalidad capilar es de igual modo impresionante. Como las células de cada pelo dejan de vivir cuando éste aflora a la superficie, cortar el pelo no duele. Además, los cabellos que se acaban cayendo son constantemente reemplazados por otros. El pelo parece tener vida propia, continúa creciendo después de la muerte, y los antiguos cadáveres humanos fosilizados que presentan cabellera dan la espeluznante visión de estar vivos.

Los ritos de llegada a la mayoría de edad requerían recoger la cabellera suelta de la juventud, cubrirla con un turbante o pañuelo, u ordenarla en complejos peinados y adornarla para significar la adquisición con pleno derecho de la calidad de miembro de la tribu o cultura, así como la asunción en el nivel de responsabilidad, del adulto. Las canas evocan, según para quién, madurez, autoridad, sabiduría o decadencia. El corte de pelo de "estilo paje" adoptado por las mujeres a principios del siglo XIX, coincidiendo con los movimientos sufragistas y feministas, la invención de la bicicleta y la renuncia al corsé, expresaba una mayor autodeterminación y libertad. Algunos indios americanos varones que llevan trenzas las deshacen en los momentos en los que tienen que guardar luto; afeitarse la cabeza es frecuente entre los hombres hindúes, y mesarse el cabello, cortarlo o taparlo son formas de mostrar aflicción o guardar las distancias.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.     
El espectacular peinado de esta máscara-cimera de madera y piel animal de principios del siglo XX (Nigeria) está seguramente inspirado en la sofisticada peluquería que adornaba las cabelleras de las mujeres de esta región tras entrar en la edad adulta

El pelo es exquisitamente sensual y magnético. El de un varón, mientras lo conserva, denota fuerza, virilidad, juventud, atractivo sexual y potencia, cualidades de las que puede sentirse despojado con la calvicie (de la que hablaremos la semana que viene). Una mujer cepillándose la melena, recogiéndosela, soltándola en cascada como señal de receptividad, sacudiéndola como un caballo sus crines, pasándose los dedos por entre el pelo, o el cabello muy corto que realza con majestuosidad la forma proporcionada de la cabeza que corona el cuerpo: todas ellas se han convertido en imágenes eternas de la belleza, la fertilidad, la seducción, la creatividad, la vivacidad y la gracia. 

Pero también hay un lado oscuro. Se decía que a los ángeles del cielo les atraían tanto las gloriosas cabelleras femeninas que las ansiaban para sí, de manera que se exigió a las mujeres que se cubrieran la cabeza para entrar en la iglesia o el templo, para connotar la relegación de sus brillantes pensamientos y palabras al silencio. En Verdezuela (Rapunzel), el cuento de los hermanos Grimm, la niña que ha sido encerrada en una torre por una hechicera tiene un cabello increíblemente largo y magnífico que tiene que llevar recogido en trenzas. Representa la situación crítica de un alma poseída o atrapada, en la que, hasta que es liberada, la potencialidad de oro de la imaginación verdadera es reemplazada por fantasías idealizadas, ilusorias; y la personalidad, soñadora y aislada, pierde la capacidad de echar raíces en la realidad o vivir creativamente en el mundo.

La imagen puede contener: una o varias personas   
La divina Afrodita peinándose el cabello, que parece las olas del mismo mar del que nació, ha sido una imagen repetida durante siglos por míticas sirenas y mujeres muy humanas (Afrodita de Rodas, c. 100 a.C.)

El Libro de los Símbolos

miércoles, 15 de mayo de 2019

170. ¿Quién fue San Isidro?

San Isidro, o Isidoro, es el patrón de los agricultores de todo el mundo, y patrón de Madrid y de España junto con Santiago Apóstol. Su fiesta se celebra el 15 de Mayo, en los idus de Mayo, una fecha muy bien pensada para colocar esta festividad, siendo agricultor. La iconografía tradicional de San Isidro le representa con una casaca marrón, con un cinto grueso, una gola blanca en el cuello y lleva la pica y la quijada. Lo cual no deja de ser curioso, porque San Isidro vivió en el siglo XI, y por ese entonces la gente no llevaba gola. Entonces, ¿por qué se le representa así? Porque a San Isidro le hicieron santo en el siglo XVII. Y esto nos tiene que escamar. ¿Cómo es que a un señor que vive en el siglo XI le canonizan en el XVII? Pero si la gente se habrá olvidado ya de él… y ahí está la historia, que no se han olvidado.

La historia es que durante 600 años los cultos a San Isidro están vivos y permanecen en el tiempo, pero no es santo. Y esta es la tragedia de San Isidro para la Corona española. Existen más de 30 cartas de los distintos reyes de España (Felipe II, Felipe III…) a Roma pidiendo que por favor canonicen a San Isidro porque se les ha ido de las manos y la gente lo celebra como si fuera santo. Pero hasta el siglo XVII nada, y fue únicamente por el folclore y la devoción del pueblo. Como siempre, en realidad.

Esta es la imagen más antigua que tenemos de San Isidro Labrador (en el extremo derecho). Está pintada sobre una piel de carnero en el siglo XIII, y por lo tanto es uno de los tesoros arqueológicos de Madrid. Esta pintura decora el Arca de las Reliquias de San Isidro, y está custodiado en la Capilla Mayor de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena. Y cuidado, porque esta pintura tiene uno de los mayores escándalos iconográficos de Madrid: Isidro está representado con aureola, símbolo de santidad, cuando no era santo en el siglo XIII. Pero lo pintan santo y lo consideran santo. Y desde ese mismo siglo XIII hay toda una liturgia, unos cánticos, unos rezos… La mujer que hay al lado de Isidro es su mujer, María Toribia, rebautizada en el siglo XIX como Santa María de la Cabeza. ¿Por qué esta veneración a un señor que ni era sacerdote ni nada, que era un hombre de Madrid, casado, de los de toda la vida? Porque hacía cosas extraordinarias.

Primeramente, el nombre. Isidro, o Isidoro, ya es un nombre extraño. Hay otro gran Isidoro en la historia de España que es el arzobispo de Sevilla, Isidoro de Sevilla. A comienzos del siglo XI, el rey Fernando de Castilla financia una expedición a Sevilla para rescatar de los moros las reliquias de las Santas Justa y Rufina y guardarlas en un nuevo templo que están construyendo en León. El rey busca sus restos pero no los encuentra, y ellas se aparecen al monarca en un sueño y le dicen que no va a encontrar sus restos, pero que a cambio va a encontrar los del arzobispo Isidoro. Y en efecto, lo encuentran y emprenden el viaje de vuelta haciendo varias paradas por el camino, entre ellas, Magerit (Madrid). Y debió ser en ese momento en el que nació Isidro, por eso le pusieron ese nombre, seguramente. Pero también es cierto que el nombre de Isidoro significa «regalo de Isis», y dedicándose a lo que se dedicaba el señor resulta un poco sospechoso.

Para empezar, Isidro vive extramuros, es decir, donde viven los moros ya expulsados de la ciudad. Él vive de niño la reconquista de Madrid en 1083, dos años antes de la reconquista de Toledo, y cuando todos los cristianos se van a vivir dentro de la muralla, su familia decide quedarse a vivir con los moros (la zona que hoy se llama Puerta de Moros (cerca de la Iglesia de San Andrés). Isidro trabaja para un señor de Madrid llamado Iván o Juan de Vargas, y es jornalero a sueldo, por lo que todas las mañanas tiene que cruzar el río por lo que hoy llamamos el Puente de Segovia para ir a trabajar. Pero según una biografía del siglo XIII, aparte de ser agricultor asalariado, tenía una destreza extraordinaria, y es que era zahorí, es decir, podía encontrar agua. Esto en Madrid no es baladí, ya que nunca ha sido una ciudad que se haya alimentado de su «gran» río (el río es una birria y pilla abajo de la ciudad, por lo que tampoco se podía estar subiendo y bajando agua birriosa de un río birrioso). Y tampoco hace falta, porque Madrid está lleno de aguas subterráneas, por lo tanto, aquí quienes van a tener interés van a ser aquellos que sean capaces de localizar dónde está el agua. Y éste es San Isidro, un zahorí. Y cuidado, porque estamos hablando de una estirpe muy importante en la historia de la humanidad, personas dotadas con una capacidad extraordinaria de hacer brotar agua en distintos lugares por sus muchos conocimientos y sus mejores aptitudes. Es decir, era San Isidro el pocero, el que encontraba los pozos.

Y será mejor que hoy lo dejemos aquí. La próxima vez hablaremos de los milagros vinculados a San Isidro, que no son pocos, y son muy interesantes. Ultreia!


miércoles, 28 de noviembre de 2018

150. El Jardín de las Delicias según Javier Sierra

Con motivo del II Centenario del Museo del Prado en 2019,
el escritor y ganador del Premio Planeta 2017, Javier Sierra,
ha escrito una columna en el periódico El Mundo aportando una
posible interpretación para "El Jardín de las Delicias" de El Bosco,
que ya apareció en su libro El Maestro del Prado

Resultado de imagen de el jardín de las delicias


"¿Qué clase de consuelo buscó Felipe II, en septiembre de 1598, cuando pidió a sus ayudantes de cámara que le llevaran al dormitorio este extraño tríptico? Sus aposentos en El Escorial no eran mucho mayores que una celda, y aquellas tablas de 2,20 m. de altura debieron desbordarla. El rey había elegido este cuadro de la colección para su meditatio mortis. Sabía que le quedaba poco de vida. Y pensó que quizá las pinceladas de El Bosco le ayudarían a salvar su alma. Todo es misterio alrededor de esta obra. Incluso su título. Hoy la conocemos como "El Jardín de las Delicias", en otro tiempo lo fue como "Pintura de la variedad del mundo, que llaman del Madroño" e incluso como "El Reino Milenario". Esta última acepción podría esconder la clave para su interpretación. En plena II Guerra Mundial Wilhelm Fraenger, estudioso alemán perseguido por los nazis, encontró en las profecías de un místico calabrés del siglo XII la posible fuente de inspiración de El Bosco. Según él, fueron las visiones de Joaquín de Fiore las que motivaron al artista de Hertogenbosch (Países Bajos). De Fiore, durante un éxtasis en el monte Tabor, comprendió que la Historia de la Humanidad se dividía en tres etapas: el Reino del Padre - que la tabla de El Bosco representa en la grisalla que cierra el tríptico -, el del Hijo - que es el nuestro, lleno de pecado y sufrimiento, representados por la tabla derecha y la central - y el del Espíritu o Mileniario, un mundo perfecto que llegaría en 1260 y que nos traería a Jesús de vuelta a la Tierra para crear a un nuevo Adán y una nueva Eva (tabla de la izquierda). El jardín debe, pues, leerse de derecha a izquierda, como el hebreo, la lengua de Dios. Algo que la secta centroeuropea de los adamitas defendió incluso cuando la profecía de De Fiore había fracasado. En el fondo, tuvimos suerte. Sin esa fe, hoy no tendríamos esta maravilla en el Prado."  

La tesis de la profecía de Joaquín de Fiore para interpretar esta pieza de El Bosco que propone Javier Sierra me parece bastante acertada. Pero de igual modo, creo que simplifica en exceso la obra. Quizá el fondo, la intención sea plasmar las tres Edades del Hombre, pero sin duda no explica el por qué hacerlo de esta manera. Hay formas mucho más sencillas de plasmar las ideas de De Fiore en pintura, sin necesidad de recurrir a tantos artificios en una época en la que la pintura no era ningún lujo. El Bosco pintó todo lo que pintó (no sólo en "El Jardín de las Delicias") porque, creo, lo llevaba dentro y necesitaba sacarlo. En mi opinión, esta obra es una mezcla entre la profecía de De Fiore y las enseñanzas de la Devotio Moderna de la Hermandad de Nuestra Señora a la que pertenecía El Bosco. Los que me venís leyendo desde hace tiempo y los que habéis hecho conmigo la visita por el Museo del Prado ya conocéis mi versión de los hechos, así que no voy a decir más por aquí ya que ése es mi trabajo. Pero para mí, todos los símbolos que aparecen desperdigados por la pintura tienen un sentido y una finalidad muy concretos...  

jueves, 21 de junio de 2018

127. Historia de Reprobus, o de cómo un gigante se convirtió al cristianismo y llegó a ser considerado santo

Imagen relacionada
En el solsticio de verano del hemisferio norte (21 de junio) y en la noche de San Juan (23 de junio) se encienden hogueras para saltarlas, purificarnos de malos espíritus y dar más fuerza al sol

A pesar de que voy con mucho retraso, ya que me condicionan cuestiones laborales, no me gustaría dejar de subir publicaciones en la medida de lo posible. Antes de nada, recuerda que hoy, jueves 21 de junio, en el hemisferio norte tiene lugar el solsticio de verano: a partir de mañana, los días comenzarán a ser más cortos y el sol irá poco a poco perdiendo fuerza. Los antiguos ya se dieron cuenta de esto, y las celebraciones de los solsticios de verano consistían en encender hogueras para dar más fuerza al sol, buscando retrasar el invierno lo máximo posible. A día de hoy, muchos grupos neopaganos siguen encendiendo esas hogueras y fogatas esta noche, donde también queman todo lo malo que haya en sus vidas y que quieran dejar atrás. Es un ritual, pienso, muy bonito. Pero no, el tema que traigo hoy no es el solsticio y sus celebraciones, sino la historia de San Cristóbal. ¿Por qué? Porque ayer fui a Toledo con mis compañeros de Escuela de Atención y en un ejercicio lúdico-cultural fuimos a visitar la iglesia de San Román. Y más en concreto, alguno de sus frescos, entre los cuales se encuentra uno de este santo. Pues bien, a mis compañeros les gustó tanto la historia de Cristóbal que me han pedido que se la escriba y se la envíe. Y se me ha ocurrido compartirla también contigo, esperando que igualmente te guste.

  Resultado de imagen de san cristóbal el bosco
Detalle de "San Cristóbal", del Bosco (c. 1490). Museo de Rotterdam


Eran los últimos años del siglo III, o los primeros del siglo IV, nadie lo sabe exactamente. En la tierra de Canaán vivía un gigante, de nombre Reprobus, con un rostro terriblemente feo, de más de dos metros de altura y descendiente de la estirpe de Goliat. Sin saber muy bien qué hacer con su vida, un día se despertó y se encomendó a sí mismo la misión de servir al ser más poderoso del mundo. Empezó un peregrinaje por el mundo, preguntando a los lugareños (aquellos que no huían de él) quién era el más poderoso del mundo, hasta que un labriego le indicó la ubicación del castillo donde vivía un rey, considerado el más poderoso del mundo. Reprobus se fue para allá y puso su fuerza al servicio del monarca. Pasó el tiempo y un día, en la corte, Reprobus vio cómo el rey se santiguaba ante la mención del Diablo. Viendo que tenía miedo, le dijo: "Entonces tú no eres el más poderoso del mundo", y abandonó la corte y el palacio del rey para echarse de nuevo a los caminos, esta vez con un objetivo claro: encontrar a ese Diablo que tanto miedo daba y que debía ser, entonces, el más poderoso del mundo. De repente, en uno de los caminos, le salió al paso una banda de asaltantes (los más poderosos del mundo no sé si serían, pero desde luego sí los más valientes para atreverse a asaltar a alguien tan feo, tan enorme y con una fuerza tan descomunal). Reprobus les dijo que estaba buscando al Diablo para ponerse a su servicio, y el jefe de los bandoleros dio un paso al frente y dijo: "Yo soy". Desde ese momento, el gigante pasó a formar parte de la banda de asaltantes. Y todo iba bien hasta que un día, el jefe de bandoleros decidió dar un rodeo muy largo para no pasar por el camino de una ermita. Preguntando Reprobus a otro de los bandidos el por qué de esta decisión, éste le contestó: "Esa ermita pertenece a Cristo, a quien el jefe odia y teme." Al escuchar esto, Cristóbal se dijo a sí mismo: "Entonces él no es el más poderoso del mundo. Debo encontrar al tal Cristo". Y abandonando a los bandidos, volvió a peregrinar por el mundo, preguntando a la gente dónde se encontraba Cristo. Pero nadie supo darle una respuesta clara y satisfactoria, y Reprobus pasó mucho tiempo viajando de aquí para allá. Hasta que en una ocasión, preguntó a un ermitaño dónde se encontraba Cristo y cómo podía servirle. El ermitaño le respondió: "Cristo está en el Cielo, con su Padre, pero lo ve todo. Si de verdad quieres servirle, debes martirizar tu cuerpo." Reprobus contestó al ermitaño que no estaba dispuesto a practicar el ascetismo, ni a ponerse cilicio ni a darse de latigazos. El ermitaño respondió: "Si no quieres servir a Cristo de tal manera, el otro modo es a través de la ayuda al prójimo. Con tu tamaño y fuerza, podrías ayudar a los viajeros a cruzar un río que hay cerca de aquí, cuyas bravas aguas se cobran muchas vidas todos los años. Te garantizo que ese servicio agradará a Cristo " De esta manera Reprobus cogió el tronco de un árbol como bastón y, colgándose a los viajeros de la cintura, les cruzaba de un lado al otro del río.

Y he aquí que llegó un día en el que a las orillas del río apareció un niño pequeño. Reprobus, temeroso de que se cayese si le colgaba de su cinto, le subió sobre sus hombros. Sin embargo, al haber llegado a la mitad del río, notó que sus piernas comenzaban a flaquear, que las rodillas le temblaban y que sus tobillos flaqueaban, que cada paso requería un esfuerzo inmenso, como si una gran fuerza lo empujase hacia abajo. A muy duras penas consiguió sostenerse en pie, gracias al tronco del árbol, y cuando finalmente llegó a la otra orilla, jadeando para recuperar el aliento, le dijo al niño: "Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú.". Ante el asombro del gigante, el niño respondió: "No sólo has tenido el peso del mundo sobre tus hombros, sino a aquel que lo creó. Yo soy el Cristo, tu Señor, a quien tú has ofrecido este servicio. Y de ahora en adelante no será ya más tu nombre Reprobus, sino Cristóbal, porque has llevado a Cristo contigo." Y diciendo esto, el niño desapareció ante las narices del atónito gigante. La tradición dice que fue martirizado en Licia, actual Turquía.

Imagen relacionada
El grabado más antiguo conocido de San Cristóbal (1423) 

Cristóbal es el santo patrón de los viajeros, de los caminantes. La historia de San Cristóbal, desarrollada tal y como la hemos relatado aquí, aparece por vez primera en la Leyenda Dorada, escrita a mediados del siglo XIII por Jacobo de la Vorágine, arzobispo de Génova. Y es curioso porque su figura parece ser un tapiz de otras figuras mitológicas importantes, tales como los griegos Caronte o Jasón (el cual llevó a través de un río embravecido a una anciana que era más pesada de lo que debía, y que en realidad era la diosa Hera) o el dios egipcio Anubis (en la Iglesia Oriental el santo es a veces representado con cabeza de perro, y la similitud entre Anubis y Cristóbal es fácil de ver: ambos llevan almas "al otro lado"). Y si bien en Occidente es bien conocida esta historia y Cristóbal es venerado por ella, en Oriente su culto se centra en la última parte de su leyenda, la cual relata su posterior encarcelamiento por el emperador Decio y el envío por parte de este de rameras para tentar a Cristóbal antes de decapitarle. 

Y hasta aquí llegamos hoy. Te espero la semana que viene. Ultreia!

Resultado de imagen de san cristóbal de licia

miércoles, 13 de junio de 2018

126. Introducción al simbolismo, parte III

Llevamos dos semanas compartiendo un análisis muy interesante que realiza El vuelo de la lechuza sobre el poderoso sentido simbólico que la humanidad ha ido otorgando a lo largo de su Historia a las formas básicas de la geometría. Hoy damos por zanjado este tema con una breve reflexión sobre el símbolo, planteada por esta página web y comentada por nosotros. Os animamos a que dejéis en los comentarios vuestras opiniones. 

Dice que "un símbolo, manifestado en las formas simbólicas, puede tener dos destinos. O bien el sentido luminoso del símbolo perdura en el tiempo o bien ese sentido queda obsoleto, y deja de contribuir por tanto a la vida espiritual. En simbología importa la diferencia entre "formas vivas" y "formas muertas" de los símbolos." En primer lugar, hay que añadir que un símbolo puede ir más allá de las formas simbólicas, es decir, geométricas. La Geometría Sagrada configura probablemente su origen, pero el desarrollo humano ha permitido que actualmente la Geometría sea sólo una rama del enorme tronco que conforma la Simbología. No obstante, estoy muy de acuerdo con la teoría de los dos destinos del símbolo: o bien el ser humano permite que el pensamiento simbólico avance, se desarrolle y se siga actualizando a las necesidades, o bien permite que un símbolo quede anclado en un punto concreto del pasado y quede, por tanto, anticuado. Un ejemplo muy fácil que sirve para entender esto es el de la swastika, llamada también cruz gamada. En Occidente es un símbolo obsoleto, sólo pervive su "forma muerta" porque ha quedado anclado a un momento del pasado (un momento horrible y cruel, por cierto) y no se le ha permitido evolucionar. En Oriente, en cambio y por suerte, la swastika sigue cumpliendo su papel simbólico de evolución, suerte, paz, bienestar y sabiduría, sobre todo en las regiones de India y Nepal, donde nació (el origen del término es sánscrito, y significa "bienestar"). 


Resultado de imagen de swastika
No es menos cierto que la swastika tiene "trampa": cuando sus brazos doblados en ángulo recto giran hacia la derecha se denomina "esvástica". En cambio, cuando están girados hacia la izquierda, el nombre correcto es "sauvástica". Ambas representaciones han simbolizado conceptos muy diferentes: la suerte, el Brahman o el samsara. Los nazis la adoptaron al ser el símbolo de la Sociedad Thule 

Javier Benítez Láinez en El vuelo de la lechuza señala que el símbolo tiene una forma externa que es visible a los sentidos y a la inteligencia, y otra forma interna en la que late su luz; y que esta luz es inmanente al símbolo y no cognoscible por los sentidos, sino que sólo se puede llegar a su conocimiento a través de la revelación o de la catarsis o purificación. Corriendo el riesgo de ponerse demasiado místicos, diré de otro modo lo que creo que quiere exponer J. Benítez: un símbolo responde a una iconografía y a una iconología. Tomando de nuevo el ejemplo de la swastika, su iconografía responde a una similitud con cuatro letras gamma griegas unidas en un eje (de ahí el término "cruz gamada"); además de que "la pureza geométrica de la esvástica permite la legibilidad en cualquier tamaño o distancia, y su eje produce ilusión de movimiento", tal y como expresó el diseñador gráfico Steven Heller. Ésa es la forma externa, lo que absolutamente todo el mundo puede apreciar a través de sus sentidos. Y luego está esa "forma" interna que es la que otorga significado al símbolo. El cómo de una palabra en sánscrito deriva en un símbolo que significa una gran pluralidad de cosas y que ha ido evolucionando y siendo adoptado por infinidad de culturas a lo largo y ancho del mundo. El conocimiento de ese significado se puede obtener a partir del estudio, pero sólo se puede "vivir" a través de una comunión profunda con su sentido más puro (lo cual, cierto, no es nada fácil y quizá sí necesite algo de purificación o revelación de por medio). Debo reconocer que yo he experimentado la fuerza pura de un símbolo sólo en una ocasión: cuando descubrí el Grial. Jaime Buhigas dice muy a menudo, y yo estoy plenamente de acuerdo con él, que nunca se llega a conocer del todo un símbolo. Que cada símbolo implica una cosa distinta para cada persona y comunidad humana, y que intentar analizar los símbolos únicamente desde el raciocinio es un error garrafal y un increíble acto de soberbia. Que hay que sentirlo y vivirlo. Y que si no, solamente accederemos a una ínfima parte del conocimiento del símbolo.

 Imagen relacionada
La primera fuente literaria que menciona el Grial es Perceval ou le Conte du Graal, escrito en torno a 1180 por el trovador Chrétien de Troyes. Sin embargo, parece claro (y así lo deja entrever el último Premio Planeta) que su aparición en la historia de la simbología es bastante anterior...

Continuemos. En El vuelo de la lechuza se dice también que, en este sentido, el simbolismo no va más allá, a la trascendencia o a buscar sentidos o significados, respuestas y verdades; sino más bien adentro. Personalmente, creo que el símbolo es tan importante porque precisamente funciona en ambos sentidos. Es la manifestación de lo trascendente y de lo inmanente, que están en eterna conexión y que no pueden existir por separado. El símbolo es el puente entre la materia y el espíritu, haciendo de ello una misma cosa. Láinez comenta que "cuando impedimos que un símbolo continúe transmitiendo información, el sentido simbólico se pierde y el símbolo queda reducido a una simple realidad mecánica, desprovista de vida (…) esa luz (…) es la presencia divina. Es la daena de los iranios, la shejiná de los hebreos, la Eva de los cristianos y la Atenea de los griegos." Me parece interesante y sobre todo muy curiosa esta comparación. Tanto Javier Benítez en El vuelo de la lechuza como Raimon Arola en Ars gravis coinciden en hacer una comparativa entre esa especie de "luz interna" del símbolo con grandes figuras femeninas de la mitología mundial; y me parece también asombroso e interesante su concepción de Eva y Atenea como conceptos asociados a la intuición, a la revelación y a la "presencia" de Dios, que es lo que significaron tanto la daena zoroástrica como la shejiná hebrea. Como digo, me sorprende la comparación porque nunca la había visto planteada, pero me parece hermosísima. Y si estamos hablando de la necesaria actualización de los símbolos, ¿por qué no?

 Resultado de imagen de diosas mitologia  


El texto de Benítez termina con una sentencia con la que no podría estar más de acuerdo: "bajo el velo de la fábula, bajo los mitos y los ritos, en el interior de los símbolos, existe una alusión a los misterios fundamentales de la vida del ser humano. Y las obras de algunos artistas son tan potentes y significativas que fueron capaces de mostrar este mundo y, a la vez, el mundo otro." Como se comentaba en Introducción al simbolismo, parte I, la simbología nace cuando el ser humano asume en su conciencia que existe un mundo material (que puede apreciar con los sentidos) y un mundo espiritual o abstracto (que se le escapa pero con el que puede conectar a través de muchas formas). Una de esas formas es la simbología. Y la simbología nace tras la firme creencia de que, efectivamente, detrás de todo arte, de toda religión y de todo ritual, se esconde una verdad sublime que eleva al ser humano a las más altas esferas y le ayuda a alcanzar la realización: la paz, la felicidad, el bienestar, el Nirvana... ese estado de la Edad de Oro que en la India y Nepal representaron con la swastika. Con esta breve reflexión termino: un símbolo es importante porque es poderoso. Porque nos remite a nuestra realidad última, a un contacto con la abstracción que de alguna manera materializamos, otorgándole un significado móvil, que evoluciona, pero que nos religa con algo más grande que nosotros mismos: la propia vida. Y esto sí que es lo único que nos diferencia de los animales. Creo recordar que era fray Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, quien decía que la diferenciación entre el ser humano y otros animales era la risa. Sin ánimo de restar mérito al mejor fraile-detective que ha dado la literatura, estudios posteriores han demostrado que perros, chimpacés, gorilas, ratas e incluso pájaros pueden reír. Pero no se han recogido por el momento testimonios que demuestren que ningún animal tenga acceso al pensamiento simbólico del ser humano, por lo que me atrevo a afirmar que es lo que nos diferencia. Sin embargo, y esto también hay que decirlo, que no tengan (o al menos no muestren) pensamiento simbólico (en tanto que concebir y plasmar de manera iconográfica cualquier tipo de símbolo), eso no quita que algunos animales no tengan nociones de trascendencia: los expertos hablan de algunos chimpacés, elefantes o gorilas... pero eso ya es otra historia que dejaremos, quizá, para otro momento. Por último, sólo queda referir que los seres humanos estamos aquí, y aquí seguiremos para, quizá, conseguir apartar, aunque sea un poco, el velo de Isis y acceder al misterio.

Ultreia.

miércoles, 6 de junio de 2018

125. Introducción al simbolismo, parte II

Continuamos con este maravilloso mundo del simbolismo, profundizando esta semana en el significado de las llamadas "formas básicas". Si te has incorporado tarde y no sabes muy bien de qué va esto, te recomiendo que leas la entrada anterior. Para los que vais al día, entremos ya en materia:

- Círculo, cuadrado y triángulo. El círculo, ya lo hemos comentado alguna vez, simboliza el Todo, el Principio, el Cielo o el Cosmos. El cuadrado representa lo concreto, la Tierra o lo perecedero. El cuadrado representa por tanto lo material y terrestre, es la creación del mundo perecedero, también de la solidez y la estabilidad. Y en medio el triángulo, que describe el movimiento del uno al otro. El triángulo equilátero (perfecta armonía y equilibrio) simboliza lo divino, y el triángulo rectángulo simboliza al ser humano. La materialización del espíritu sería el movimiento descendente, cuando el infinito se hace algo concreto y el cosmos se vuelve cognoscible. La espiritualización de la materia, por el contrario, sería el movimiento ascendente, cuando la forma concreta se sublima retornando al origen. Así podemos ver cómo la mayor parte de los edificios religiosos de casi todas las confesiones religiosas tienen una planta cuadrangular (que representa la tierra) coronada por una cúpula circular (que representa el cielo). Las formas de los templos nos hablan de un encuentro, de una mediación entre el Creador y sus criaturas. Sin embargo, sabemos que no todas son así... pues algunos templos cuentan con una planta circular. ¿Y qué significa eso?      

Imagen relacionada

- El Centro y su expansión. El centro, simbolizado por el punto, es el origen de todo lo que es y existe, de la Realidad. La realidad, la llamemos Cosmos o Creación, es el resultado de la manifestación de ese centro. Sin centro no habría círculo (universo). Por tanto, el punto central ordena y rige el círculo, el Cosmos, la multiplicidad de seres. Por supuesto, si hay un punto central, el círculo simboliza la fuerza primera que desde el centro se expande hacia la periferia. Alcanza la plenitud en otro círculo, como el movimiento de una onda en el agua. Es el movimiento innato de la vida, un movimiento de expansión que parte de un centro y que implica posteriormente un movimiento de contracción, de retorno al centro. Pero claro, este movimiento puede quedar simplemente sugerido (como el interior de la Iglesia de la Vera Cruz en Segovia o la de San Baudelio de Berlanga en Soria) o iconográficamente manifestado. ¿Y cómo se consigue eso?

 Resultado de imagen de interior iglesia de la vera cruz


- La espiral, la serpiente y el laberinto. La manera más extendida de simbolizar la expansión del centro a la periferia y viceversa es la espiral. También una serpiente enroscada en espiral alrededor de un eje, como en el caduceo de Hermes o el báculo de Asclepio. El pensamiento celeste se manifiesta, las fuerzas cósmicas salen desde el centro. El impulso vital encerrado en el centro termina por desparramarse: la materialización del espíritu. Pero también se da el significado opuesto, la serpiente/espiral es el emblema de la Diosa, de la materia, que recorriendo sus curvas sinuosas llega a ese centro que le permite la unión con lo celeste, con el Dios. Por eso la espiral/laberinto simboliza el viaje iniciático. De esta manera, se utiliza para representar la dramatización ritualizada que debe seguir el neófito para ir desde la periferia hasta el centro, contactar con lo Divino (la unión de lo terrenal y lo celeste), y después regresar. En los viajes espirituales, guiado por el hilo de Ariadna, el iniciado ha de superar distintas pruebas para abandonar la oscuridad y acercarse a la luz. El laberinto simboliza el impulso de todo ser humano de acercarse al Centro y acceder así a la sabiduría sagrada.

Resultado de imagen de laberinto de chartres

- El compás. Podría interpretarse como otra forma de simbolizar la expansión desde el centro, pues el compás tiene forma de triángulo, uno que se mueve y pivota desde su centro. Y a partir de él se dibuja la expansión del centro. El compás pertenece al demiurgo, el Dios-Arquitecto, que es el que pone orden, el que legisla y vence a las tinieblas con la Creación. El triángulo-compás está igualmente vinculado con la letra "alfa" de los griegos (α), y con la tetraktys de los pitagóricos.

Resultado de imagen de gran arquitecto del universo

- El cuaternario. El cuadrado y el cubo acercan al ser humano, por su parte, a la percepción o a la contemplación de la realidad interior. La cuarta dimensión, la interioridad, lo de dentro de la materia, simboliza la materialización del espíritu, del cielo en la tierra. Son los avatares del hinduismo, también es el Cristo. Que Jesucristo muriese en la cruz no es casual. El espacio sagrado (Jerusalén, por ejemplo) se representa mediante plantas cuadradas o cúbicas. Y, como ya hemos comentado en la parte del círculo, las plantas de los templos son cuadrangulares sobre las que se montan las cúpulas. Simboliza arquitectónicamente la cuadratura del círculo. Lo múltiple de la creación se encadena en una estructura cuaternaria hasta la Unidad: los cuatro elementos (agua, tierra, agua y aire), las cuatro estaciones, los cuatro puntos cardinales, y luego los cuatro evangelistas, los cuatro palos de la baraja, etc. Las fuerzas elementales de la Creación, de la Naturaleza, forman parte de las religiones antiguas y pasaron modificadas al cristianismo. Los dioses y héroes paganos fueron sustituidos por seres fabulosos, animales y bestias, vegetales y minerales. Y se fue creando una cultura fantástica popular que muchos veces iba dirigida a un público analfabeto, podríamos decir casi infantil. Cada año se repite idéntico movimiento estacional, plantas y animales siguen este orden superior. Los humanos también son sensibles a este ordenamiento y lo han reproducido en sus cultos a lo largo del tiempo. La cruz es un símbolo cuaternario universal, aunque en Occidente se identifique con el cristianismo. Simboliza al ser humano, el término intermedio mediador entre el cielo y la tierra. Dos segmentos que se cruzan, horizontal y vertical, material y espiritual. Dos caminos que se encuentran y que llevan a dos mundos distintos y complementarios. Si el simbolismo es el estudio o el conocimiento de un encuentro, el del espíritu y la materia, la cruz, lo cuaternario cruzado, es el símbolo por excelencia: el "Individuo Universal". Con el cristianismo, en la Edad Media, la cruz simboliza el sacrificio del Salvador. No siempre fue así. En los primeros siglos, con un cristianismo en expansión y afianzamiento, la cruz se asocia a la victoria. Y ya en la Alta Edad Media, como la verdad del Hombre-Dios, instaurada en el inconsciente colectivo hasta hoy.
Resultado de imagen de cruz

- El quinario. El pentágono o la estrella de cinco puntas es la unión del cuaternario más el centro. Si el cuaternario son la conjunción de los cuatro elementos, el quinario es la quintaesencia. Es el número del hombre, "pues tiene cinco sentidos, cinco poderes del alma, y está compuesto por los cuatro elementos y su reunión, la quintaesencia. Ya los antiguos romanos utilizaban el cuerpo humano como medida y centro del conjunto universal." (Raimon Arola). La proporción áurea, también llamada divina proporción o número de oro, está relacionada directamente con el quinario: √5 o el número de Euclides o phi (Φ). Mantener la proporcionalidad de las partes en toda creación humana demuestra que en la multiplicidad también puede existir el orden que existe en la Unidad. Lo divino actúa en el número phi, las matemáticas siempre han sido sagradas. Es una nueva forma de afirmar "así en la tierra como en el cielo" cristiano, que es lo mismo que repite la máxima hermética "como es arriba es abajo". Para los seguidores de Euclides, y también para los renacentistas, conocer el número irracional phi significaba poseer la llave del orden perfecto, penetrar en la armonía de las formas creadas por la naturaleza y, en consecuencia, crear según el patrón de la sabiduría natural, que se obtiene a partir de las matemáticas, y que conduce a la belleza en la naturaleza y el arte. Y es que desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha tratado de encontrar, con el arte y la ciencia, la armonía en la creación. Traer a la creación el orden del creador. Aunar multiplicidad y unidad a través de un canon que explique el orden sagrado.

Resultado de imagen de pentáculo

"La belleza sería la práctica sensible de una teoría razonante, de manera
que el uso de la divina proporción consigue explicar aquello que es bello,
argumentándolo matemáticamente. La belleza no es la consecuencia,
dirían los renacentistas, de una sensibilidad especial ni de ningún azar,
sino que aparece en el mundo gracias a la identidad del hombre con 
el Creador. Identidad que pasa, obviamente, porque el hombre utilice
la misma regla que el Creador: la divina proporción".

Raimon Arola

Gracias por haber llegado hasta aquí. La semana que viene daremos el punto y final a estas entradas de "símbolo y simbolismo" con una conclusión un poco filosófica, que me gustaría compartir. Hasta la semana que viene, caminantes. Ultreia!

Imagen relacionada

Fte.: El vuelo de la lechuza