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miércoles, 4 de abril de 2018

118. Las pinturas de la Biblioteca de El Escorial

Ya hemos hablado en más de una ocasión del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, ese monumental complejo arquitectónico que Felipe II ordenó edificar en la segunda mitad del siglo XVI en la vertiente sur de la sierra de Guadarrama, ya que ese lugar había sido seleccionado por la Comisión de los 100 Sabios por delante de cualquier otra localización de la Península Ibérica. Por algo será... Nos referimos al archiconocido Patio de los Reyes, a su asombroso parecido simbólico con el legendario Templo de Salomón, al interés de Felipe II por la alquimia y lo que hoy llamamos "ciencias ocultas", a su relación con personajes tan llamativos como Juan Bautista de Toledo, Benito Arias Montano o Jeroen van Aeken, 'el Bosco'. Mencionamos también los lugares más importantes del complejo: la basílica y la biblioteca. El corazón y el cerebro. El lugar para sentir lo sagrado y el lugar para aprenderlo y estudiarlo. Sin embargo, nunca nos habíamos detenido en una parte muy importante de la Biblioteca, hasta hoy: los frescos que decoran sus paredes. Como todo en El Escorial, nada está puesto al azar. El programa iconográfico fue diseñado por Juan de Herrera (discípulo y sucesor de Juan Bautista de Toledo como maestro de obras) y por fray José de Sigüenza (historiador de Felipe II y segundo bibliotecario de El Escorial, sucediendo a Arias Montano). Con estos dos prendas como diseñadores, ambos pertenecientes al Círculo de El Escorial, podemos esperar profundos mensajes ocultos en las pinturas de esta maravillosa sala. Patrimonio Nacional, institución encargada del uso y administración del complejo, explica esta mágica sala de esa manera tan aséptica, tan suya:


"Este salón tiene una cubierta de bóveda de cañón dividida en siete tramos.
En ellos se sigue el procedimiento frecuente de colocar el tema principal en
el compartimento central: las siete Artes Liberales en forma de matronas:
Gramática, Retórica y Dialéctica - el Trivium - y Aritmética, Música, Geometría
y Astrología - el Quatrivium -. Y las escenas subordinadas - los personajes
insignes y las historias relacionadas con cada una de las ciencias - en su parte
inferior. De hecho, en el friso que va desde la cornisa hasta la parte alta de las
estanterías se pintaron 14 escenas: dos relativas a cada arte liberal. Y encima
de la cornisa, cada arte liberal va acompañada de cuatro sabios, elegidos entre
los más insignes y representativos de cada ciencia. El plan general de la Biblioteca
se completa con los dos testeros, con las personificaciones de la Filosofía (lado
norte o del colegio) y la Teología (lado sur o del convento).

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La producción de las pinturas corrió a cargo de Pellegrino Tibaldi y sus colaboradores, entre los que se encontraba Bartolomé Carducho. Artísticamente, se debieron de sentir muy honrados por haber sido elegidos para decorar esta estancia que recordaba a la Capilla Sixtina, con el reto que ello implicaba. Sin embargo a nosotros no nos interesan tanto los artífices como los imagineros, aquellos que idearon todo esto. Y por supuesto, lo que más nos importa es el mensaje. Y es lo que vamos a tratar de explicar.

En el testero de la entrada, al sur (la parte que da al convento) se halla la Teología, joven y hermosa matrona, sobre un fondo arquitectónico. Lleva una corona y muestra las Sagradas Escrituras a los cuatro doctores de la Iglesia latina: San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno, que la acompañan. Bajo la cornisa, se puede apreciar una escena recreando el Concilio de Nicea del 325, del que ya hemos hablado en más de una ocasión. Formado por multitud de obispos, fue ahí donde se sentaron las bases del catolicismo. Lo preside el emperador Constantino, el cual arroja unos escritos al fuego. En el suelo aparece Arrio, cuya doctrina fue condenada. A pesar de que desde la entrada se sigue un orden ascendente en el saber humano, empezando por la Filosofía, la visita obliga a un recorrido inverso. Por tanto en la bóveda tenemos a la Astronomía, recostada sobre el globo celeste, y varios niños alrededor que estudian las estrellas con detenimiento. En el nicho de la izquierda aparecen representados Ptolomeo y Alfonso X el Sabio, mientras que en el de la derecha surgen Euclides y Juan Sacrobosco, todos ellos eminentes astrónomos. Enfrente de la Teología, es decir, el lado norte (el que daba al seminario o colegio) se encuentra la Filosofía, el inicio del camino. Se debe empezar por aquí porque la Filosofía es la ciencia de los hombres. El sendero finaliza en la Teología, que es la ciencia de Dios.


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La Filosofía aparece señalando a aquellos que recorren la Biblioteca acompañada de grandes sabios grecolatinos del pasado: Sócrates, Platón, Aristóteles y Séneca

Debajo del fresco de la Filosofía se puede ver la Escuela de Atenas dividida en dos bandos: los Académicos (dirigidos por Platón) y los Estoicos (encabezados por Zenón de Citio), dos formas distintas de acercarse al conocimientos. Los alumnos discuten, experimentan y reflexionan. A la izquierda, debajo de la cornisa y bajo la Astrología, se presenta el eclipse sobrenatural ocurrido el día de la muerte de Jesucristo. San Dionisio de Aeropagita, Apolófanes y otros atenienses observan con admiración el portento. Enfrente podemos ver al rey Ezequías en la cama mientras el profeta Isaías le promete, en nombre de Dios, quince años más de vida; mientras le muestra un cuadrante solar cuya sombra retrocede diez grados.

La Geometría en la bóveda, con un compás en la mano y varios niños alrededor. En el nicho izquierdo aparecen Arquímedes y Juan Müller, mientras que en el derecho están Pitágoras y Aristarco. Bajo la cornisa, a la izquierda, los sacerdotes egipcios señalan las líneas de las tierras borradas por las inundaciones del Nilo, y al otro lado, Arquímedes abstraído en la solución de un problema geométrico, no se da cuenta de que los soldados romanos han entrado en Siracusa al asalto y éstos le quitan la vida. 

En la bóveda, tocando la lira, surge la Música con varios niños. En el nicho izquierdo están Túbal y Pitágoras, y en el derecho Anfión y Orfeo. Debajo de la cornisa, a la derecha, Orfeo saca a su esposa Eurídice del Inframundo, habiendo dormido antes al Can Cerbero con la música de su lira. Enfrente, a la izquierda, David aplaca la cólera del rey Saúl tocando su arpa.

Pasamos después a la Aritmética, acompañada de niños y jóvenes que sostienen tablas con números. En el nicho derecho, Giordano Bruno y Jenócrates. En el izquierdo, Arquitas de Tarento y Boecio. Debajo de la cornisa aparecen muchos filósofos desnudos de India (gimnosofistas, como los llamaron los griegos) , discutiendo sobre números. Enfrente, la reina de Saba propone enigmas al rey Salomón.

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Una de las escenas principales, ubicada en el centro de la estancia, muestra a un excesivamente joven rey Salomón resolviendo los enigmas y acertijos de una excesivamente blanca reina de Saba (Etiopía)

La Dialéctica, figura representada con un difícil escorzo y coronada por una media luna, representa el argumentum cornutum de los latinos o el dilema de los griegos, acompañada a su vez de varios jóvenes. En el nicho derecho aparecen Protágoras y el cristiano Orígenes. Enfrente, Zenón y Meliso de Samos. Bajo la cornisa, a la derecha, debaten San Ambrosio y San Agustín. Enfrente, Santa Mónica ruega por la conversión de su hijo. Enfrente Zenón de Elea, el fundador de la Dialéctica, muestra a sus alumnos dos puertas que representan la Verdad y la Falsedad, estableciendo así el criterio de los sentidos. En el arco están pintados Píndaro, Horacio, Homero y Virgilio.

Continuando por la bóveda, vemos a la Retórica con un caduceo en la mano, varios niños alrededor y un león. A la derecha Hércules Gálico, con la maza en la mano, de su boca salen cadenitas de plata y oro que terminan en las orejas de varios varones que le escuchan, simbolizando así el poder de la elocuencia. Enfrente, Cicerón defendiendo en el juicio a Cayo Rabirio. Vemos también a la Gramática, con una guirnalda en una mano y látigo en la otra, con varios niños con sus libros y cartillas. Debajo, la primera escuela de gramática en Babilonia y a la izquierda la Torre de Babel, donde tuvo origen la diversidad de lenguas.

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El Hércules Gálico o Céltico es el patrón de los misterios ibéricos, que conduce por el buen camino a los sabios a través de los mitos y los símbolos de todas las culturas a lo largo de la historia

Esto es todo por hoy, y hasta aquí puedo decir. Hemos hecho un pequeño recorrido por las pinturas de la Biblioteca, pero depende de cada uno de vosotros el sacar el significado que sus autores quisieron darle. Yo personalmente me encargo de mostrarlo, pero no puedo hacerlo por aquí: forma parte de mi trabajo llevar a la gente que me ha contratado a El Escorial y explicarlo in situ. De todas formas, es ya mucho tiempo el que lleváis siguiéndome y leyéndome (los que lo hacéis) así que estoy seguro de que mientras ibais leyendo la entrada os han venido muchas referencias a la cabeza. En eso consiste la enseñanza iniciática, y así funcionaba el Círculo de El Escorial: el maestro sólo señala cuál es el camino, el discípulo es el que debe recorrerlo y llegar al destino por sí mismo. Esto se hacía (y se hace aún donde se hace) así por una sencilla razón: los maestros consideraban que si todo el conocimiento se le entregaba al discípulo, éste no apreciaría la búsqueda y pronto terminaría por desecharlo. En cambio, si era el propio alumno el que a través de un proceso de aprendizaje dirigido iba poco a poco descubriendo cosas hasta llegar al conocimiento último, esa información pasaría a formar parte inherente de él y a constituirse fracción de su sabiduría. Y con esto no quiero decir que yo sea ningún maestro y vosotros mis alumnos: todos somos maestros y todos somos discípulos. Ahí reside la riqueza y la grandeza del género humano, que permite hacer cosas como esta.


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miércoles, 31 de enero de 2018

109. Breve historia del misticismo

Tal y como prometimos en la última entrada (que podéis consultar aquí), esta semana quiero enfocarme en la historia del misticismo. Y sí, voy a intentar que sea breve, aunque es extraordinariamente difícil plasmar en pocos párrafos la historia de un anhelo tan antiguo como el propio hombre, e incluso más: su unión con lo Sagrado ¿Cuándo empezaron nuestros más remotos antepasados a plantearse la existencia de lo Divino y a desear regresar a su seno para fundirse con ello? (pues eso es en lo que consiste la mística, como vimos en la entrada anterior). Resulta difícil de calcular. Actualmente se acepta que el primer homínido que tuvo nociones de un Más Allá fue el homo neanderthalensis u hombre de Neandertal, el cual ya enterraba a sus muertos acompañados de un ajuar funerario hace aproximadamente entre 230.000 y 28.000 años. Sin embargo, es imposible saber lo que creían que ocurría con el difunto, o si consideraban la existencia del alma o la posibilidad de que ésta se uniese con lo Divino, concepción que tampoco está nada clara en su caso. La primera aparición constatada de un interés por lo Sagrado, vinculado con una religión solar, ocurre durante el Neolítico (aproximadamente entre el 4500 y el 4000 a.C.), estableciéndose de igual forma la más primitiva versión conocida del actual Camino de Santiago: "peregrinos" de todo el mundo llegaban hasta lo que hoy es Galicia para venerar la muerte y el posterior renacimiento del sol, del que dependían.  


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La actual Ruta Jacobea es muy anterior al descubrimiento del supuesto sepulcro del Apóstol Santiago (que se dio en el siglo IX d.C.). En realidad los peregrinos llegaban hasta el Fin de la Tierra (Finisterre), donde levantaban altares al sol (los famosos ara solis que heredaron los romanos)

Ahora sí, entremos de lleno en la Historia habiendo dejado eso claro. La primera evolución de esos prehistóricos cultos solares y de la Magna Mater que encontramos son los sistemas politeístas o animistas de las religiones antiguas de origen europeo. Éstas fueron denominadas "paganas" o "paganismo" despectivamente por las religiones monoteístas, especialmente desde la asociación de la Iglesia de Roma con el poder imperial: los paganos eran los habitantes de los pagus, aldeas, aquellas gentes que seguían viviendo en la religión de sus antepasados. Pues bien, dentro de esta tradición religiosa pagana destacan los núcleos délfico (del Oráculo de Delfos, masculino, Apolo/Dionisos) y eleusino (de los Misterios de Eleusis, femenino, Deméter/Perséfone); así como el neopitagorismo, un movimiento religioso que pretendía revitalizar las enseñanzas de Pitágoras de Samos y su escuela de Crotona, desarrollado entre el siglo I y el III d.C. (y del que todavía se desconoce la mayor parte). Pues bien, en todos estos movimientos hubo místicos. El más renombrado fue el filósofo neoplatónico Plotino, del siglo III d.C., nacido en Egipto, que abogaba por una "mística natural" y que definía el éxtasis como "una perfección tal que ha sido después imitada por los místicos cristianos", los cuales siguieron las mismas fórmulas. Plotino fue un gran conocedor de todas estas religiones y corrientes filosóficas denominadas "paganas" (seguramente tuvo acceso al saber que atesoraba la Biblioteca de Alejandría), que mantenían un politeísmo conectado en gran medida con las fuerzas de la Naturaleza que deificaban todo lo viviente o activo (lo que se denomina "animismo"). De la misma cuerda era, suponemos, la tradición céltica, de la que sin embargo no sabemos mucho. A falta de referencias escritas, los hallazgos arqueológicos han permitido deducir que eran religiones muy marcadas por la magia y el ritual. Se han encontrado objetos de carácter funerario de procedencia con personajes en posiciones yógicas, que representan bien a sacerdotes, bien a divinidades; la mayoría de ellas vinculadas con el mundo natural. Esto lleva a pensar en un misticismo asociado a dioses de la naturaleza.

 
En la placa del caldero de Gundestrup aparece representado el dios celta que los romanos llamaron Cernunnos, acompañado de distintas criaturas, lo que le convierte probablemente en el Señor de la Naturaleza Salvaje o Dios de la Fertilidad, tan común en muchas tradiciones espirituales

El mundo cristiano a partir del siglo IV (pues de los primeros trescientos años del cristianismo apenas tenemos noticia) bebió mucho de religiones ya existentes para configurar su propia identidad religiosa. Y eso se refleja también, por supuesto, en la mística. Sin embargo, la diferencia fundamental con la mística pagana es que en el caso de los cristianos, la unión del alma con Dios (lo que se conoce como éxtasis) depende sólo de Él, en ningún caso del individuo. De esta manera, y por motivos que sólo Dios conoce, otorga como gracia privada y durante un breve período de tiempo la comunicación sensible ultraterrena con Él a algunas almas que se le acercan, bien directa y exclusivamente o bien para su posterior transmisión a una comunidad o grupo social. En la tradición católica, los éxtasis suelen ir asociados a la aparición de milagros, como la manifestación de los estigmas o el fenómeno de bilocación. Así, también se suele asociar el misticismo a personas que han vivido una dura experiencia ascética de ayuno, soledad, meditación, humildad, oración, penitencia introspección y mortificación; siguiendo las reglas de la orden monástica correspondiente (ya sea ésta masculina o femenina). El fin de todo ello es purificarse ante los ojos de Dios y hacerse así dignos y dignas de recibir su Gracia, mediante los caminos o vías que ya expusimos en la entrada anterior. Al ser el éxtasis una experiencia más divina que humana,resulta inefable a los místicos que la han experimentado y su explicación difícil de realizar por medio de cualquier medio de expresión. A este respecto escribió Santa Teresa de Jesús, una de las máximas exponentes del misticismo cristiano:

"Y es tanto lo que se emplea el alma en el gozo de lo que el Señor la representa,
que parece que se olvida de animar el cuerpo (...) No se pierde el uso de ningún sentido
ni potencia, pero todo está entero para emplearse en Dios solo. De este recogimiento viene algunas
veces una quietud y paz interior muy regalada, que está el alma que le parece que no le falta nada."       

La tradición mística cristiana arranca en realidad con Juan, el discípulo amado, y su comunidad joánica establecida en Éfeso (actual Turquía). También se pueden ver principios de misticismo en Saulo de Tarso (San Pablo), los redactores del Evangelio según San Juan y sobre todo del Apocalipsis, además de los Padres de la Iglesia, en particular los llamados Padres del Yermo o de la Tebaida (monjes ermitaños y anacoretas del siglo IV d.C. que marcharon a vivir al desierto). Tanto San Agustín de Hipona como Santo Tomás de Aquino fueron figuras muy influyentes en el desarrollo del misticismo cristiano. Algunos de los grandes nombres de la mística cristiana son San Juan de la Cruz, la ya mencionada Santa Teresa de Jesús, Jan van Ruysbroeck, el maestro Eckart, Tomás de Kempis, Angelus Silesius, Hildegarda de Bingen, Jakob Böhme, San Francisco de Asís, Juana de la Cruz, Ramon Llull, fray Luis de Granada, San Ignacio de Loyola y tantos y tantos nombres de hombres y mujeres que han marcado la tradición mística cristiana en España, Italia, Alemania y la mayor parte de Europa. Fue a partir del Siglo de Oro cuando la mística española entró en decadencia.

Sin embargo, no podemos abandonar la mística cristiana sin hacer una referencia a la mística protestante, que también la hay, representada sobre todo por Emanuel Swedenborg en su Arcanos celestes. Tampoco podemos obviar a Joseph Smith, profeta y fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o Mormonismo; ni por supuesto al poeta británico William Blake. Del mismo modo, sería un insulto olvidar la mística heterodoxa representada por los cristianos gnósticos en su forma más antigua (siglos I-III d.C.) y en la Edad Media y el Renacimiento por los alumbrados, los dejados o los seguidores del llamado quietismo, promulgado por el místico Miguel de Molinos y con una gran semejanza respecto a las doctrinas budistas.

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Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, dos de los mayores exponentes de la mística española durante el siglo XVI y de la mística cristiana, con gran producción literaria

Por último, ya que esta entrada empieza a resultar muy larga, intentaré condensar la mística judía, islámica y budista. En lo que respecta al primero de ellos, la principal corriente del misticismo judío y conocida por todos recibe el nombre de Kabahla, o Cábala. Proviene del original hebreo קבלה qabbalá, "recepción". Inspirada en las visiones del profeta Ezequiel, se originó en torno al siglo II a.C. pero alcanzó su máxima expansión en el siglo XIII con la aparición en la península ibérica del Zohar o Libro del Esplendor. Como únicamente tratar de explicar la Cábala daría para varios libros (y de hecho ha dado, como demuestra la historia), me limitaré a exponer aquí la definición que de ella dio el historiador y teólogo agnóstico judío Gershom Scholem en su libro Grandes tendencias de la mística judía, publicado en Barcelona en 1941, y que dice así:

 "El misticismo es el estadio posterior a la religión. Al sentir el hombre post-primitivo
una alienación respecto al mundo que habita, se desarrolla debido a este hueco
un sentimiento religioso en el que Dios se percibe como algo alejado, al otro lado del
abismo que separa lo divino de lo humano. Es ésta la definición que se plantea de
religión, en que Dios es algo alejado de ser adorado u obedecido."   

De acuerdo también a Scholem, el misticismo judío posee tres aspectos fundamentales que le otorgan una personalidad única, a saber: en primer lugar, una reticencia natural hacia la confesión personal, por la reserva y la intransferibilidad de la experiencia mística y todos los aspectos que ello conlleva. En segundo lugar, el misticismo judío otorga propiedades metafísicas al lenguaje, al considerarlo un instrumento de Dios (tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios crea el mundo a partir de la Palabra) reflejado en el habla de uso común del hombre. Y por último, una continua deferencia hacia la tradición, de manera que, cuanta más pura sea la mística, más cerca estará de la verdadera tradición, entendida como una especie de "conocimiento original" de la Humanidad. Los grandes nombres de la tradición mística judía son el malagueño Shlomo ben Yehudah Ibn Gabirol, también conocido como Avicebrón (c. 1021-1058); el gran erudito y teólogo cordobés Rambam, conocido habitualmente como Maimónides (1135-1204) y por supuesto el redactor del Zohar, el sabio rabino y filósofo sefardí Moisés de León, fallecido en 1305. No estaría de más conocer en profundidad la tradición mística judía en nuestro país, que tanto peso tuvo y tanto esplendor alcanzó hasta 1492, cuando los sefardíes fueron expulsados de su tierra por sus Muy (quizá demasiado) Católicas Majestades.

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El Árbol de la Vida, o Árbol de las Esferas (sefirot) es una de las imágenes más asociadas a la Kabalha. Representa las diez emanaciones de Dios a través de la Creación, desde el aspecto más puro (Kether) hasta el reino mundano (Maljut). Este árbol fue adoptado por cristianos, gnósticos, paganos, etc. para expresar iconográficamente lo que consideran una realidad común

Por contra, la mística budista es mucho más fácil de explicar: el fin que Siddharta Gautama buscaba para toda la Humanidad era que todos nosotros fuéramos místicos. Dicho en sus propias palabras, que todos los seres humanos alcanzásemos el estado de buda (la iluminación) o el Nirvana. De hecho, su misticismo va más allá, porque implica que los seres humanos podemos trascender la apariencia ficticia de la realidad (lo que Gautama denominaba maya) y acceder a la verdadera esencia de las cosas. Es la unión del alma con lo Divino, sí, pero de una manera prolongada en el tiempo. El budista no busca abstraerse del mundo, sino vivir en el mundo, pero siendo consciente de dónde se encuentra en cada momento y de que él no es él, sino que es parte de todo. Por eso, el estado que buscan alcanzar los seguidores del budismo (el Nirvana) podría definirse como un misticismo pleno y sobre todo prolongado en el tiempo. Aunque no deja de ser curiosa la existencia de una paradoja: el budismo pretende otorgar al hombre las herramientas necesarias para evitar el sufrimiento, por lo que las enseñanzas de Gautama nunca estuvieron enfocadas en construir un sistema teológico ni cosmogónico. En el budismo nunca se habló de Dios o de dioses, de la existencia o no del alma, o de un supuesto Más Allá. Todo lo que aportó Gautama fue una filosofía, una enseñanza, pero no una religión. Y si el fin de toda religión es el misticismo y el unir el alma con Dios, encontramos una fuerte paradoja. Pero obviando este detalle, sí: el budismo ES una religión mística.

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Siddharta Gautama, al igual que Jesús de Nazaret, cometió el "error" de no construir y establecer ninguna religión diferente a las ya existentes en la India y Nepal. Por eso, del mismo modo que ocurrió con el rabino judío, sus seguidores tergiversaron sus enseñanzas con el paso de los siglos (mientras que la posible existencia histórica del Buda Gautama está fechada en torno a los siglos VI-V a.C., los primeros textos claramente budistas surgen entre el siglo I a.C. y el III d.C.)

Para finalizar esta entrada (que aunque no lo parezca es breve, considerando la ingente y prácticamente inabarcable historia del misticismo) tendríamos que hablar del misticismo en el Islam, es decir, de los sufíes. Sin embargo, al ser un tema tan especial y con la intención de que quede bien entendido (ya que el Islam está viviendo una época de malinterpretación brutal en Occidente), prefiero dejar a los místicos musulmanes para la próxima entrada. Eso sí, sólo una cosa más. Quiero hacer una mención especial a la cantante Madonna por su labor para con la mística. En 1989 lanzó un disco titulado Like a prayer, en el que la letra de la canción que daba título al disco estaba impregnada de un misticismo muy del estilo de San Juan de la Cruz. También en el vídeo musical se pueden apreciar varios símbolos que remiten a algunos de los poemas contenidos en el Cántico Espiritual del místico español, como Llama de amor viva. Por este vídeo la Iglesia Católica declaró a Madonna blasfema, lo que le hace ganar más puntos aún. Y si bien en el vídeo de la canción Bedtime story de 1994 se pueden apreciar un ritual derviche y diferentes elementos del sufismo, la mística del Islam; la propia cantante ha reconocido profesar la cábala judía. Desde aquí, un aplauso para ella.

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Madonna no será la única que use la simbología religiosa para su show: numerosos cantantes e integrantes de distintas ramas del mundo del espectáculo, conocedores del interés que suscitan estos símbolos y ritos en la población, los usan para ganar más seguidores. Pero eso no quiere decir que pertenezcan a una organización secreta, como las teorías de la conspiración se encargan de pregonar

miércoles, 27 de diciembre de 2017

104. El simbolismo de "Cuento de Navidad"

Últimamente me sorprendo a mí mismo haciendo muchas reseñas de películas, pero no sé si soy yo o es el destino (muchas veces es él quien tiene que ver con lo que pasa) el que me hace ver esas cintas con un potente simbolismo. Así que, dejando a un lado Matrix (que ya comentamos y que espero que próximamente aparecerá publicado en el canal de YouTube el vídeo de la conferencia que di al respecto acompañado de Gladys Balaguer) y Noé (que fue la más reciente), esta semana y en estas fechas tan señaladas voy a pararme a comentar una historia que todo el mundo conoce ya: Cuento de Navidad, escrito por Charles Dickens en 1843. El título original era Christmas Carol ("Canción de Navidad"), por lo que quién sabe si Dickens concibió su historia para que fuese cantada... igual que Jesús cantó en la cruz el Salmo 21. En fin, la historia de Cuento de Navidad es, como digo, por todos (o casi todos) conocida: un viejo prestamista avaro (Ebenezer Scrooge), de corazón duro, egoísta y ninguna piedad, que detesta la Navidad, los niños y todo aquello que pueda producir felicidad; es visitado en la noche de Nochebuena por el espectro de su antiguo socio Jacob Marley, fallecido siete años atrás. Éste le advierte de que la vida que ha llevado hasta ahora, llena de desprecio y crueldad hacia los menos favorecidos, le está valiendo una condena eterna en el Infierno, una tan horrible como jamás se ha visto. Sin embargo, aún tiene una posibilidad de salvación: es visitado esa misma noche por tres espíritus, los cuales le hacen cambiar y ver la vida de otra manera; sufriendo una transformación total que le convierte en un hombre nuevo. La historia, como digo, es por todos conocida. Sin embargo, hay algunos puntos interesantes que comentar al respecto.


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La razón por la que he decidido dedicarle esta semana a esta historia es porque la semana pasada vi la película Muchas gracias, Mr. Scrooge (1970), un musical basado precisamente en esta historia. El punto más destacable del libro, y por lo tanto de la película, es el papel de los fantasmas. Y esto no debe sorprendernos. El mundo denominado actualmente como "paranormal" ha fascinado a la humanidad desde el principio de los tiempos, y a lo largo de la historia son millones los hombres, mujeres y niños de distintos países y orígenes que aseguran haber tenido algún tipo de encuentro o contacto con seres misteriosos o sobrenaturales; al tiempo que usaban a los fantasmas y espíritus torturados para dar explicaciones a eventos, ruidos extraños o incluso rachas de mala suerte que no parecían poder explicarse de otra manera. Sin embargo, lo que quizá nunca podríamos haber esperado es que dentro del grupo de los que hoy son definidos como "supersticiosos" se encontrarían también algunas de las más geniales mentes del siglo XIX.

La época victoriana vio nacer a las sufragistas y a personajes que lucharon por poner fin a la esclavitud, pero también fue una etapa oscura que vio nacer un movimiento paranormal dedicado a revelar el mundo de los espíritus y a establecer contactos entre nuestro mundo y el suyo. Los médiums y los cazadores de fantasmas empezaron a surgir en todos los rincones del globo, y eran contactados e invitados a convertirse en el centro de atención de fiestas y reuniones cuyo objetivo no era otro que demostrar la existencia de ese plano espiritual y brindar a los que seguían vivos la oportunidad de comunicarse con sus seres queridos ya fallecidos. En este clima y contexto de interés por lo sobrenatural, y más fuertemente vinculado con el mundo de ultratumba, nació en 1862 una sociedad secreta que sería un pilar de este mundo y que aún hoy continúa existiendo (aunque ya sin ningún secretismo, evidentemente): The Ghost Club, el Club de los Fantasmas. Formado por algunas de las mayores personalidades literarias de la época, como el propio Charles Dickens o Arthur Conan Doyle, esta sociedad estaba dedicada a comprobar y verificar o desmentir todas esas historias, mitos y leyendas que por un lado ayudaban a alimentar la obsesión de la gente por esas otras realidades pero por otro sirvieron también para que numerosos estafadores se aprovechasen de las personas que se encontraban sufriendo una pérdida y que estaban dispuestas a dar lo que fuera para volver a hablar con sus familiares y amigos perdidos.
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El Club nació en el Trinity College de Dublín, cuando en 1855 un grupo de estudiantes empezó a reunirse para debatir sobre la posibilidad de que hubiese un mundo paranormal oculto a la vista de los mortales. Y The Ghost Club, del que formó parte hasta el final de su vida, marcó profundamente a Charles Dickens. Tanto es así que en su obra Cuento de Navidad serán los espíritus quienes realicen la transformación en Scrooge. Pero vayamos por partes, primero hablando de Jacob Marley, el antiguo socio del viejo Ebenezer. Aparece con una gran cadena "que forjé en vida, eslabón por eslabón". La cadena de sus malas acciones. Parece ser que el viejo Jacob Marley, cuando estaba vivo, era igual que Scrooge. Y es una idea bonita: las almas de aquellos que no hacen el bien en vida quedan condenadas a vagar por la tierra eternamente arrastrando esa cadena, la cual pesa demasiado como para permitirles ascender a los cielos. Marley, movido por la piedad hacia su socio y dándole la oportunidad de escapar de ese destino, hace que le visiten esa misma noche (la del 24 de Diciembre) tres espíritus: el de las Navidades pasadas, el de las Navidades presentes y el de las Navidades futuras. La visita de los espíritus tiene lugar, como no podía ser de otra manera, a la 1 A.M., a las 2 A.M. y a las 3 A.M. Sin embargo, no importa tanto las horas de las "visitas" sino el contexto: los espíritus visitan a Scrooge mientras está dormido. Una vez más encontramos reflejado en esta historia el gran poder del sueño. De acuerdo a los antiguos, los sueños eran el medio que tenían los dioses de comunicarse con los mortales. No hay más que pensar en el sueño de Adán, el de Teseo, el de Alicia, el de Coraline, el de Bianor, el de Ossián... en cientos y cientos de historias, el sueño del protagonista implica la manifestación de lo divino, en este caso encarnado por los tres espíritus. Cada uno de ellos le lleva a una época diferente: el espíritu de las Navidades Pasadas le transporta a su infancia y juventud, cuando era un joven inquieto y curioso, lleno todavía de esperanza y buena voluntad. Pero también le muestra cuándo empezó a corromperse, y cambió el amor por el dinero. El siguiente espíritu será el de las Navidades Presentes, un gigante a imagen de Hércules o Sansón que le llevará a visitar las casas de sus conocidos esa misma Navidad. Sólo conociendo aquello que nos es ajeno podemos conocernos a nosotros mismos, pues también somos la imagen que los demás tienen de nosotros. El espíritu de las Navidades Pasadas enseña a Scrooge quién fue y cómo llegó a ser el que es. El espíritu de las Navidades Presentes le enseña quién es Scrooge para los demás, y por lo tanto le abre los ojos en cuanto a quién es él. Y por último, el espíritu de las Navidades Futuras es el más aterrador, ya que es la encarnación de la muerte. Este espíritu mostrará a Scrooge cómo serán las cosas cuando él ya no esté en el mundo. Con un mensaje parecido a Qué bello es vivir, el espíritu le muestra (sin decir ni una palabra, sólo asintiendo o señalando) que nuestras acciones cotidianas tienen un impacto en el desarrollo de los acontecimientos, y que el Cielo o el Infierno depende únicamente de nuestras acciones. Es el mensaje de Jesucristo, evidentemente. Como decía aquel sabio, "el mensaje fundamental de las religiones es no hacer a otros lo que no quieras que te hagan a ti. Todo lo demás son comentarios a pie de página." Será con este último espíritu, que acaba revelándose como la Muerte y lanzando a Scrooge al interior de su propia tumba (y por lo tanto al Infierno), con el que el viejo avaro cambia radicalmente. Al final de la historia descubre que no está en el Infierno, sino en su dormitorio, y que todo ha sido un sueño... o tal vez no. Gracias a esas visiones, Scrooge es un hombre nuevo. De modo que, ¿fue un sueño o una realidad? ¿Qué diferencia hay?

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Representación moderna de los espíritus que visitan a Ebenezer Scrooge, que en este caso adoptan la forma de tres mujeres jóvenes: de izquierda a derecha, las Navidades Pasadas, las Presentes y las Futuras. Esta iconografía parece estar vinculada con las tradiciones espirituales de la Triple Diosa

miércoles, 6 de diciembre de 2017

101. Simbolismo masónico en "La Flauta Mágica"

Remitimos de nuevo a la masonería, no para hablar sobre la Masonería especulativa (nacida en el siglo XVIII, que cumple este año su tercer centenario y que en el futuro comentaremos), sino para referirnos a una de las grandes obras de la Ópera de la Historia: La Flauta Mágica, del compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart. El motivo que nos ha llevado a ilustrarnos sobre esta obra y su relación con la masonería es la efeméride de hoy: el 6 de Diciembre de 1791, Mozart recibe sepultura en el cementerio de San Marx de Viena. El genial compositor murió con 35 años, celebrándose su funeral en la Catedral de San Esteban de Viena (el mismo lugar donde se había casado con su esposa Constanza). Y fue amortajado siguiendo el ritual masónico: con un manto negro con capucha. Sin embargo, no es únicamente este detalle el que nos da pistas sobre la naturaleza masónica de la vida de Mozart: su vida y sobre todo su obra está plagada de influencias masónicas. Y hoy vamos a analizar la que es, sin duda, la más conocida.

 
Cenotafio de Mozart en el cementerio de San Marx, Viena

"Últimos días de Mozart" de Hermann von Kaulbach (1873)

Los símbolos que contiene La Flauta Mágica van mucho más allá de la mera anécdota y por supuesto de la invención fantástica. Mozart quiere con esta ópera abrir ante el espectador las puertas de lo sobrenatural. Es, de nuevo, Arte para comunicarse con lo trascendente. La historia que cuenta es una forma, un signo de una realidad misteriosa, invisible, que debemos interpretar nosotros. Los masones, en tanto que herederos de la tradición mistérica de la Antigüedad, saben que en lo invisible se encuentra la simiente de todo lo visible. Por tanto, artistas místicos e iniciados como El Greco, Juan de Juanes o Mozart intentaban en su producción transmitir esa sacralidad que no se puede expresar con palabras. Lo inefable. Al escribir La Flauta Mágica, Mozart regresa al espíritu infantil que defendían Jesús o Nietzsche para acceder a los mundos sutiles. En ella ve el lado divertido de las cosas, se ríe de las nimiedades y convierte las preocupaciones que ensombrecen el alma de las personas en divertimentos. Esta ópera, además, tiene un interés añadido: Mozart la compone para su amigo Emanuel Schikaneder.

Este hombre fue actor en La Flauta Mágica, concretamente en el papel de Papageno, además de autor de parte del libreto. Pero no nos adelantemos. La inspiración a esta ópera le vino a Schikaneder a través de una fábula de Christoph M. Wieland titulada LULU, que hablaba de una flauta mágica que permitía a su propietario superar todos los obstáculos. Convenció a Mozart, ya que ambos eran también hermanos en la misma logia, a escribir la música. Sin embargo, parece que a Mozart este proyecto le interesaba sólo parcialmente. 

PERSONAJES

SARASTRO: Gran Sacerdote
TAMINO: Príncipe japonés
PAMINA: Hija de la Reina de la Noche
REINA DE LA NOCHE: Reina de las Fuerzas del Mal
PAPAGENO: Hombre-pájaro
PAPAGENA: Mujer-pájaro
MONOSTATOS: Negro lascivo, servidor de Sarastro
SACERDOTES: Servidores de Sarastro
DAMAS: Damas de la Reina de la Noche
MUCHACHOS: Geniecillos benefactores

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La llegada de la Reina de la Noche, antes de su primera aria, bajo un manto de estrellas. Puesta en escena por Karl F. Schnikel (1781-1841) para una producción de 1815

La idea que tenía Schikaneder era que la ópera fuese a un público masivo pero poco serio. En cambio, Mozart tenía otra idea acerca de esta obra. Y así se lo planteó a otros dos masones, que se interesaron por el proyecto: Giesecke, un reconocido redactor de libretos de ópera; e Ignaz von Born, eminente personalidad de la masonería austríaca. Tanto Mozart como Von Born concebían la ópera como un drama simbólico capaz de expresar las más elevadas ideas de la condición humana. La idea era revelar, con las precauciones pertinentes para que no resultase accesible a ningún profano (recordemos el imperante Voto de Silencio que ha marcado a la tradición mistérica durante toda la Historia) las sublimes verdades y conocimientos que podían elevar al hombre hasta el grado más alto de su condición y, quizá, trascenderla y lograr su apoteosis, su conversión en dios. Querían transmitir una suerte de Evangelio que no sólo respondiese a los preceptos e ideología masónica sino también a la filosofía natural. Recordemos que los masones medievales veneraban muchísimo los dos grandes Libros de Dios: la Biblia y el Libro de la Naturaleza. Por esto, La Flauta Mágica fue la obra que Mozart llevaba queriendo crear desde hacía tiempo.

Para el personaje de Sarastro se inspiró Mozart en su amigo y hermano Von Born, incluso usando frases que él mismo solía utilizar. Por su parte Schikaneder, en el estreno de la ópera, interpretó al personaje de Papageno, ya que se sentía muy identificado con él al ser un personaje un tanto limitado tanto espiritual como intelectualmente. Por lo tanto, la cosa quedaba así: Schikaneder era el autor de la idea inicial de la obra, el poeta era Gieske, el director escénico era Von Born y el músico, Mozart. Cada uno de ellos volcó en la obra lo mejor de sí mismos, recordemos que los cuatro eran masones. Pero eso sí, debían realizar una ilustración de la doctrina oculta hasta el punto que permitían las leyes de la masonería, aparte de que el monarca de aquella época, Carlos VII, era abiertamente hostil hacia la masonería. La masonería tuvo más suerte con el siguiente emperador, Francisco de Lorena, ya que él también era masón. En 1731 fue iniciado y admitido en la orden por Lord Chesterfield, y por ser miembro de la hermandad se negó a aplicar en sus estados el decreto de condenación promulgado en 1738 por el papa Clemente XII. Sin embargo, después de fallecer Francisco de Lorena, la masonería recibió otro revés: la emperatriz viuda, María Teresa, siempre sumamente dócil a los consejos del clero, promulgó la prohibición; y la masonería tuvo que refugiarse en la clandestinidad hasta la llegada al trono de José II, el cual toleró el ejercicio y la propaganda de la masonería. En cualquier caso, en Austria nadie persiguió a Mozart como a Haydn o al propio Von Born, por ser masones. En cambio, la fe cristiana y el ideal masónica encajaban perfectamente en alguien profundamente religioso como Mozart.

Emanuel Schikaneder

La Flauta Mágica es no solamente un acto de fe masónica, sino una expresión total de la filosofía del compositor austríaco. Es lo que Sarastro le enseña a Tamino: "en estas sagradas mansiones no se conoce la venganza, y si un hombre cae en él, el amor le devuelve a su deber. Así conducido por la mano de un amigo llega contento y alegre a una tierra mejor. Entre estas santas paredes, donde el hombre ama al hombre, no puede deslizarse ningún traidor, porque se perdona al enemigo. Quien no haya comprendido esta lección, no merece llamarse hombre." Mozart convierte a La Flauta Mágica, en palabras de Diario Masónico, en "la más elevada lección de dignidad humana que haya sido formulada en un escenario". Cosechó un gran éxito. El destacado músico Rossini decía que Beethoven era el más grande, pero que Mozart era único; mientras que Wagner solía afirmar que con esta obra se inventó prácticamente la ópera alemana (curioso, otro místico iluminado obsesionado con el Grial). En la época de Mozart, algunos creyeron ver una obra en clave: la Reina de la Noche sería la emperatriz María Teresa, que pretendía esclavizar a su hija (el pensamiento masónico), Monostatos el príncipe elector Karl Theodor, enemigo de los masones, la astucia que utiliza la Reina de la Noche para que Pamina mate a Sarastro para tratar de cerrar el paso a aquellos que recorren el camino de la luz. Pero en realidad, el simbolismo de La Flauta Mágica es mucho más elevado: es la eterna batalla de la noche y el día, la luz contra la oscuridad.

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La pirámide con el óculo central, famoso símbolo masónico, acompaña a Sarastro y a sus sacerdotes

La Reina de la Noche es la personificación de la noche original, del caos y el abismo con sus pesadillas, prodigios y misterios. En cambio Sarastro, más que un sacerdote del Sol, es la encarnación misma del Sol, de ahí que aparezca sobre un carro tirado por leones, animales con un fuerte simbolismo solar. Pamina es el símbolo del alma humana a quien las fuerzas tenebrosas quisieron mantener bajo su dominio, y que alcanzará la luz guiada por el amor y con la ayuda que Tamino le presta. Es el mismo mito de Eros y Psique, Jesucristo y María Magdalena. La pareja se realiza al fin, después de haber vencido todos los peligros y pasado todas las pruebas que deben hacerles dignos de la verdadera condición humana. Se trata de una auténtica iniciación a la masonería. Las tres damas representan a las Parcas, que intentan hacerles fracasar en sus pruebas, cuyo resultado debe ser la unión de ambos, Tamino y Pamina, masculino y femenino, Yin y Yang. Mientras no le es revelada su misión Tamino es un hombre incompleto, semi-inconsciente, a quien le falta el conocimiento de su razón de ser. Al principio de la obra aparece Sarastro como un Mago Negro, ya que es la madre (la Reina de la Noche) la que llora la pérdida de la hija Pamina, lo cual enternece a Tamino. Ella le convence para que mate a Sarastro y libere a su hija, prometiéndole que será suya para toda la eternidad. Papageno es el cazador de pájaros, alegre, ligero, mitad hombre y mitad animal. Los pájaros, desde el Antiguo Egipto, han sido también un símbolo para representar al alma.

El caso es que vemos aquí a un personaje bueno al servicio del Mal (la Reina de la Noche) mientras que por otro lado vemos a un personaje malo al servicio del Bien (Monostatos, un personaje malvado, al servicio del sacerdote-sol Sarastro). Esto refleja la enseñanza de que en ocasiones hay fuerzas buenas que trabajan para el mal y fuerzas malas que trabajan para el bien. Los tres pajes (fuerzas del bien) trabajan para el Mal y, sin embargo, ayudan a unir a la pareja. Se han interpretado como la Fe, la Esperanza y el Amor, que ayudan a superar las pruebas. Tamino aspira al amor ideal, mientras que Papageno quiere encontrar una mujer. Tamino representa al hombre fuerte y audaz, pero mal instruido sobre la realidad de las cosas, de ahí que quiera eliminar a Sarastro por considerarle malvado.

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Representación moderna de Papageno y Papagena 

Tamino deberá conocer la verdad, la auténtica naturaleza de la Reina de la Noche. Enseñar a los hombres la Verdad y dirigirlos hacia el Bien es la tarea de los Sacerdotes. El hombre únicamente toma conciencia de su alma y del Conocimiento que ésta atesora después de haber recibido la Iniciación. Es ahí cuando Tamino entiende que ha sido engañado por la Reina de la Noche y se somete a Sarastro para superar las pruebas, después de las cuales recibirá a Pamina. Y las pruebas a las que son sometidos tanto Tamino como Papageno son aquellas en las que deben saber dominar sus instintos (silencio, amor a los placeres mundanos o hábitos negativos). Deben pasar las pruebas del fuego y el agua, vagar por las montañas y recorrer el laberinto (símbolo de la vida en la tierra), siendo éste el símbolo más importante de toda la iniciación. Tamino recibe la Flauta mágica como un instrumento de ayuda para superar con más fuerza y virtud esta costosa iniciación, mientras que Papageno recibe un carrillón.

La Flauta es por tanto símbolo de la virtud, de la fuerza creadora que permite superar los obstáculos mientras ayuda a la conquista del amor, el conocimiento y el bien supremo. Por eso las fieras obedecen al son de la música de la Flauta rodeando a Tamino, embelesadas por su sonido. Pero, ¿quién es el padre de Pamina? Tal vez sea este el enigma más difícil de resolver. ¿Podría ser el mismo Sarastro? Si tomamos la obra únicamente desde el punto de vista musical, "es sencillamente extraordinaria, con arias únicas como la de Sarastro y la Reina de la Noche. Esta obra permitió cambiar el rumbo de la ópera en lo que respecta a la música de la época." Desde el punto de vista de la masonería, es extremadamente reveladora y perfecta simbólicamente. Es la puerta de entrada a un mundo supernatural y simbólico al mismo tiempo. Es poesía musical que llena de emoción y que nos hace interpretar mensajes fundamentales de la filosofía de la vida. Tras esto Tamino y la flauta dominan el torrente, el volcán y el huracán que se desencadenarán en las últimas pruebas, mientras está acompañado de Pamina, que cumple el papel de la virtud de la acción reconciliadora, con su alma victoriosa de todos los obstáculos. Sólo nos queda por interpretar (y esto lo dejamos a disposición de el lector) el hecho de que el padre de Pamina, en una noche de tormenta entre aguaceros y rayos, ha creado la Flauta con la más profunda madera de un roble milenario.

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miércoles, 29 de noviembre de 2017

100. ESPECIAL

Hasta esta misma mañana no sabía qué tema podía tratar esta semana, porque
¡wow!, hemos alcanzado las 100 entradas publicadas con más de 13.000 visitas.
Una vez más, tengo que daros las gracias a todos: los que me seguís aquí, en Facebook,
en mi canal de YouTube o que asistís a mis clases. Sin vosotros esto no sería posible,
pero lo es, y estoy viviendo el sueño de mi vida, lo que siempre he querido hacer. Así
que gracias a todos, de corazón. En este ESPECIAL 100 ENTRADAS he estado tentado
de exponer mi viaje a Dublín, del que volví el sábado 25, pero tampoco dio para tanto y no
es una ciudad (con todo mi cariño) demasiado "sagrada". Lo que tiene realmente especial
ya está grabado en vídeo y subido a YouTube (lo podréis ver este viernes), así que tenía
que pensar otra cosa. Y entonces se me ocurrió. "¡Eh! ¿Por qué no hablar de otro lugar
de poder en otra ciudad, mucho más concurrido y muchísimo más ignorado?" Y así fue
como se me ocurrió el tema de esta semana y que hoy compartimos aquí. Vamos a hablar
del simbolismo oculto en el Rockefeller Center de Nueva York.

Durante nuestro viaje a Dublín visitamos el llamado "Jardín del Recuerdo", un lugar de poder situado muy cerca del centro de la ciudad y cuya sacralidad exponemos en el vídeo de YouTube de esta semana

Cuando uno piensa en el Rockefeller Center lo más seguro es que inmediatamente le venga a la mente la pista de patinaje más famosa del mundo que aparece en todas las películas de comedia romántica neoyorkina (cliché) y el famosísimo árbol de Navidad que se expone en ella. En ninguna película (al menos las que yo he visto y/o conozco) se hace ninguna referencia a su simbología oculta. Precisamente por eso es tan divertido hacerlo notar: elementos o lugares que todos nosotros hemos visto pero que no conocemos en absoluto. Y antes de que sigáis leyendo, voy a dar un aviso: esta entrada no contiene ninguna referencia al Nuevo Orden Mundial, a los poderes ocultos que gobiernan el mundo ni a la simbología satánica-anunnaki que están tan de moda permanentemente entre los teóricos de la conspiración. No, aquí lo que vamos a hacer es un análisis de la simbología presente en las "decoraciones" de la famosa plaza, primero, para compartirla con vosotros, y segundo, para que todos sepamos que se pueden encontrar explicaciones razonables sin tener que recurrir a Satán, los Illuminati o el Nuevo Orden Mundial. Los teóricos de la conspiración siempre vinculan este complejo a todo ello porque fue construido por la familia Rockefeller, que como sin duda sabréis es una de las más importantes, poderosas y reconocidas de los Estados Unidos; creando un vasto imperio empresarial (especialmente en el sector petrolero) y contando dentro de la familia con políticos, empresarios y ejecutivos de renombre. Sin embargo, el ser un político o empresario de éxito no significa automáticamente que uno pertenezca a un grupo de gente malvada que dirige el mundo sin piedad, compasión ni ninguna otra virtud. Vamos, creo yo. Ser empresario no es sinónimo de ser satánico, en definitiva.

 
John D. Rockefeller, inmigrante alemán y fundador de la dinastía

Así que antes de continuar debemos despojarnos de nuestros prejuicios y de nuestras ideas conspiranoicas (si las tenemos) para relajarnos y disfrutar de un viaje por la simbología de uno de los lugares de poder más famosos y a la vez desconocidos y apasionantes del mundo. Comencemos. El Rockefeller Center (también llamado Rockefeller Plaza) es un complejo de 19 edificios ubicado entre la Quinta y la Séptima en Nueva York, famoso por su estilo Art Decó. Sin embargo, no nos interesa tanto la arquitectura del lugar como los símbolos que se eligieron para "decorarlo". Y lo pongo entre comillas porque nada está situado sin motivo, no es mera ornamentación. Cada una de las partes que vamos a ver cumple con un propósito importantísimo. Y todas ellas giran en torno a una corriente de pensamiento que tiene siglos de antigüedad: el luciferismo. 

Los que habéis leído entradas anteriores en este blog ya sabéis de qué pie cojeo, pero si hay alguien nuevo que esté leyendo estas líneas se habrá extrañado al ver que menciono a Lucifer, cuando antes he dicho que no iba a relacionar los símbolos con ninguna doctrina satánica. Si tal es tu caso, querido lector, un apunte necesario: Lucifer y Satán no son lo mismo. Por lo tanto, las doctrinas luciferinas y satánicas no son lo mismo. Y por supuesto, lo satánico y lo satanista no tienen nada que ver. Pero me estoy desviando del tema. Para explicar breve y claramente qué es y en qué consiste el luciferismo, no se me ocurre nada mejor que la explicación que dio en una conferencia el filósofo y futurólogo Max More:

"El Diablo, Lucifer, es una fuerza del bien (en el que hay que definir "bueno" simplemente como lo que yo valoro, no queriendo dar a entender ninguna validez universal o la necesidad de su orientación). "Lucifer" significa "portador de la luz" y esto debe introducirnos la idea de su importancia simbólica. La historia es que Dios echó a Lucifer del Cielo porque Lucifer había comenzado a cuestionar a Dios y extender la disensión entre los ángeles. Debemos recordar que esta historia es contada desde el punto de vista "Godist" (los adeptos de Dios, n. del t.), si se me permite acuñar un término, y no de la de los luciferinos (voy a utilizar este término para distinguirlos de los satanistas oficiales con lo que tienen diferencias fundamentales). La verdad, sin embargo, se puede entender fácilmente como que Lucifer renunció al cielo".


El luciferismo moderno tiene sus raíces, muy probablemente, en la kabahla hebrea y en el posterior gnosticismo cristiano, aunque hay quien ha querido ver también un origen en el antiguo Egipto y en las creencias paganas. El caso es que la doctrina luciferina enseña que Dios, creador del mundo material, es una figura sádica y severa que busca mantener a la Humanidad en la oscuridad de la ignorancia, mientras que Lucifer es el salvador de la Humanidad, ya que les ha otorgado el conocimiento. Si reinterpretamos la historia de Adán y Eva con lentes luciferinas (algo que ya hicimos aquí), la serpiente es en realidad el salvador encubierto que desafió a Dios y dio a los mortales la oportunidad de la apoteosis, es decir, de convertirse ellos mismos en dioses. Es decir, a Lucifer se le atribuye el haber desencadenado el asombroso potencial del hombre. Lo que representa el luciferismo es una revalorización radical de lo que ha sido considerado el oponente, el antiguo adversario de la Humanidad. Se trata de una inversión del bien y el mal, un cambio de paradigma conocido como "Postura Gnóstica" en la cual los valores se invierten con respecto al relato hebreo original, siendo el fruto del árbol de la ciencia la llave de acceso al deseo humano de ser como dioses. Los luciferinos buscan durante toda su vida alcanzar un mayor nivel de bienestar a través de la Iluminación, frecuentemente representada por una antorcha. Una persona iluminada (illuminatus) ha ganado suficiente conocimiento místico y espiritual para lograr llegar a un estatus divino, es decir, trascender sus propias fronteras naturales. 

Precisamente era eso lo que prometían las Escuelas de Misterio de la Antigüedad: la oportunidad de borrar la maldición de la mortalidad mediante un encuentro directo con la deidad cósmica o, en muchos casos, ser sometidos directamente a una apoteosis personal, a la transmutación del hombre en dios. Esto, que parece cosa de místicos o locos, no lo es tanto. El propio Albert Einstein dijo que en 300 años, si la Humanidad conseguía no aniquilarse a sí misma, su propia evolución natural haría que fuésemos capaces de expandir nuestra conciencia más allá de nuestro cuerpo y de no necesitar un soporte material para existir. Hoy en día, el profesor Cordeiro de la Universidad de la Singularidad de California, dice casi lo mismo, pero ocurrirá mucho antes: en 25 años conoceremos la muerte de la muerte. Para saber más sobre esto, aquí.

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Einstein estaba convencido de que la Humanidad llegaría a un nivel de evolución tal que podría existir como conciencia separada del cuerpo. Eso, claro, si no se destruía a sí misma

Los luciferinos no adoran necesariamente al Diablo como una deidad metafísica. Para ellos, Lucifer representa los poderes cognitivos del hombre, su potencial y capacidad para alcanzar la divinidad por sus propios medios. Los luciferinos creen que, llegado el momento, esta capacidad destronará a Dios y devolverá al hombre a su legítimo lugar, como deidades. En otras palabras, será el fin de las religiones. Esta doctrina aparece vinculada con el humanismo y con su evolución tecnológica, el transhumanismo. Aunque se le ha vestido de un ropaje aceptable dentro del contexto judeo-cristiano en el que nos movemos ("humanista" suena mucho mejor que "luciferino"), esta doctrina se ha vuelto muy popular. Gracias a los avances tecnológicos y científicos de vanguardia, gente muy rica no quiere esperar los 300 años que predijo Einstein para convertirse en deidades: intentan alcanzar este estado de inmortalidad gracias al desarrollo tecnológico. Quizá por eso el transhumanista Max More dijo también:

"Dios, como el bien documentado sádico que es, sin duda quería mantener a Lucifer cerca de Él, para poder castigarlo e intentó traerlo de vuelta bajo su poder. Lo que seguramente sucedió es que Lucifer llegó a odiar el Reino de Dios, su sadismo, su demanda de conformidad y obediencia servil, su rabia psicótica (de Dios) para cualquier muestra de pensamiento y conducta independiente. Lucifer se dio cuenta de que nunca podría pensar por sí mismo y ciertamente no podía actuar en su pensamiento independiente siempre que se encontrase bajo el control de Dios. Por lo tanto dejó el Cielo, ese terrible Estado-espiritual gobernado por el cósmico-sádico Jehová, y fue acompañado por algunos de los ángeles que habían tenido el valor suficiente para cuestionar la autoridad de Dios y su visión de perspectiva. Lucifer es la encarnación de la razón, la inteligencia y el pensamiento crítico. Él está en contra del dogma de Dios y de todos los dogmas. Encarna la exploración de nuevas ideas y nuevas perspectivas en la búsqueda de la Verdad."


Tal vez pienses, lector, que esto no tiene nada que ver con el Rockefeller Center, ¿verdad? Bueno, pues vamos a ver cómo las esculturas, los relieves, las pinturas murales, todo ello se refiere al mismo tema: el triunfo del hombre sobre Dios, a través de la adquisición de conocimientos.    

LA FUENTE DE PROMETEO

Esta escultura representa a Prometeo, un titán de la mitología griega conocido por su gran inteligencia. Sin embargo, traicionó al dios Zeus al robarle el fuego para entregárselo a los mortales. Por lo tanto, se le venera por haber enseñado a la Humanidad las artes de la civilización como la escritura, las matemáticas, la agricultura o la medicina. Zeus castigó a Prometeo por su traición, encadenándolo a una roca en las montañas del Cáucaso mientras un águila le devoraba el hígado todos los días. Por la noche le volvía a crecer, y al día siguiente el águila regresaba para volver a devorárselo... El equivalente judío a Prometeo es, por supuesto, Lucifer. Ambos llevaron el conocimiento de Dios a los mortales, y ambos fueron castigados por ello. Ya hicimos un paralelismo entre ellos aquí, de modo que no ahondaré más en este asunto. Prometeo es, en definitiva, un símbolo usado a menudo para referirse a la Iluminación, igual que Lucifer. La escultura que se expone en Rockefeller Center, realizada por Paul Manship, muestra a Prometeo sosteniendo el fuego robado a Zeus mientras desciende a la Humanidad. Se encuentra dentro de un anillo, denominado La Alianza, que representa los signos del Zodíaco (Prometeo también ilustró a los hombres en el movimiento de las estrellas). Detrás de él, en la pared, una inscripción reza: "Prometeo, maestro en todas las artes, trajo el fuego que ha mostrado a los hombres un medio para fines poderosos". Estos "fines poderosos" a los que se refiere son alcanzar la Iluminación y transformarnos en deidades. Esta obra resume básicamente la doctrina luciferina y actúa de ónfalos, de ombligo y centro de poder en torno al cual gira el programa de arte del Rockefeller Center.

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LAS CREACIONES DE PROMETEO

Flanqueando la estatua de Prometeo aparecen dos esculturas que han recibido el nombre de "El Joven" y "La Doncella". Ellos son los primeros seres humanos, creados a partir de arcilla, por Prometeo. Y es que en la tradición espiritual griega, el Creador no es Zeus, sino Prometeo. Es como decir que a Adán y Eva no les creó Dios, sino Lucifer. Así que Prometeo, el Lucifer helénico, está situado en el centro de la plaza y flanqueado por su creación, la Humanidad. En otras palabras, somos hijos e hijas de Prometeo. Del saber o, mejor dicho, de la búsqueda del saber. No son pocos los creadores de blogs y foros católicos que ven en esta parte de la plaza uno de los "terribles" mensajes de los Illuminati, que parecen alejarse de la Biblia y confundirse de Creador. Es comprensible: lo que se plantea aquí es que somos hijos de la tierra y del conocimiento, no de Dios. Lo que estas esculturas están diciendo es que el hecho de que Adán y Eva comiesen del fruto del Árbol de la Vida estuvo bien, pues nos permitió liberarnos y empezar a desarrollar nuestro potencial. Esto choca con la doctrina judeocristiana básica, cuyo mayor anhelo es volver a ese Edén del que los Primeros Padres fueron expulsados.

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URIZEN, O EL DEMIURGO

En la parte superior de la entrada al edificio GE nos encontramos con esta impresionante imagen de Arte Decó. Representa a un hombre con barba, sosteniendo un compás enorme y una cita del Libro de Isaías (33:6). Esta es una referencia directa al grabado de William Blake titulado "El Anciano de los Días", mejor conocido como "Urizen", donde Dios es representado como un hombre anciano con larga barba blanca, dentro del sol, sosteniendo un gigantesco compás.

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Esta imagen aparece en el Libro de Urizen de Blake, lanzado en 1794. Este autor inglés es conocido por su rica mitología, sus poemas crípticos y sus imágenes proféticas. Y esta pieza representa a Urizen, el creador del reino material. Sus rasgos son muy similares a la deidad gnóstica llamada "Demiurgo", una divinidad creadora inferior que construyó un mundo imperfecto en el que se aprisionó al hombre en el reino material. El Libro de Urizen refleja los principios básicos del luciferismo, donde la lucha del Bien contra el Mal descrita en la tradición judeocristiana se invierte. Daniil Leiderman, profesor de Hª del Arte en la Universidad de Princeton, hablaba así de la obra de Blake:

"El trabajo de Blake es, pues, una crítica sin precedentes y confusión, a los pilares mismos de la civilización judeocristiana: la Palabra y la Ley. El mal es representado tradicionalmente por Satanás y el consumo de la "fruta prohibida". La ciencia y la religión cesan de ser fuerzas en oposición en la comprensión de Blake, convirtiéndose en cambio en obstáculos para el conocimiento verdadero, una poniendo el acento obligatorio en las leyes del universo material, y la otra, en las palabras de los Libros Sagrados. En este sentido, el único posible "Bueno" al que se refiere Blake es la rebelión de la visión, creciendo y multiplicándose a través de la visión extática. Para Blake, esto probablemente significa una gnosis mística y artística, pero intelectualmente se puede aplicar a todo tipo de pensamiento pluralista, multilateral, cuando no a una literal 'mente-en-expansión'."

El dios gnóstico que aparece a la entrada del edificio GE porta un enorme compás que utiliza como herramienta para la Creación, lo cual nos remite también a la masonería, la cual utiliza el compás del Gran Arquitecto para dar forma al mundo físico. Debajo de Urizen se encuentra la cita del Libro de Isaías:

"Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia..." (Is. 33:6)

El Libro de Isaías contiene, en su conjunto, profecías para los tiempos futuros, la predicción de la caída y el castigo de Babilonia (tanto la antigua como la actualmente considerada en decadencia espiritual "Babilonia, la Gran Ramera" que se menciona en Apocalipsis 17:5). El caso es que ese verso de Isaías habla sobre lo que va a sostener a las personas en los momentos de gran tribulación profetizados: la sabiduría y el conocimiento. El texto de Isaías describe un momento en el que "nadie en Jerusalén será enfermo", refiriéndose a la época en la que la ciencia y la tecnología avanzaran lo suficiente como para curar las enfermedades del hombre. Esa frase, unida al enorme Urizen, presiden la entrada del edificio GE.

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LAS ESPADAS TRANSFORMADAS

Este relieve se refiere al Libro de Isaías 2:4, y representa dos espadas transformadas en rejas de arado. Para entender esto es preciso conocer el versículo bíblico en el que se inspira:

"Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra."

El versículo describe una era de paz mundial, refiriéndose al reino eterno de Cristo después de su Segunda Venida. Por supuesto, los conspiranoicos ven aquí otra referencia al Nuevo Orden Mundial, en el que un puñado de grupos empresariales dirigirían el mundo a su antojo. Un solo gobierno y un solo tribunal para todas las naciones. Por supuesto, se acusa a los Rockefeller de ese interés por el Nuevo Orden. Incluso un miembro de la familia lo explica en sus Memorias. Si de verdad tuviesen un plan maligno y secreto, no tendría mucho sentido que lo fuesen aireando por ahí, ¿no?. He aquí lo que escribió David Rockefeller en sus Memorias, publicadas en 1930.

"Durante más de un siglo, los extremistas ideológicos en los extremos del espectro político han aprovechado los incidentes bien publicitados para atacar a la familia Rockefeller de la excesiva influencia que ejercen sobre las instituciones políticas y económicas. Algunos incluso creen que somos parte de una cábala secreta de trabajo contra los mejores intereses de Estados Unidos, y caracterizan a mi familia y a mí como "internacionalistas", y nos culpan de conspirar con otros alrededor del mundo para construir un mundo más integrado en la estructura política y económica mundial - un mundo único (unido), por así decirlo. Si este es el cargo, me declaro culpable, y me siento orgulloso de ello."

¿Y quién no? ¿De verdad hay alguien entre nosotros al que no le interese un mundo unido, en el que estemos conectados unos con otros y con los demás organismos vivos, en el que trabajemos juntos en paz y nunca haya más guerra ni desolación? Me sorprende que haya gente alarmada por esta declaración de David Rockefeller y que vean en ella la perenne sombra del Nuevo Orden Mundial en vez de ver un intento del entendimiento y comprensión entre naciones, justo lo que quería Isaías: no más espadas.

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ATLAS

Aquellos con nociones básicas de mitología griega sabrán por qué fue castigado el titán Atlas, hermano de Prometeo. Se debe a que también desafió a Zeus, el rey de los dioses. Sobre los brazos y hombros de Atlas hay una viga ancha y curva que muestra en un friso los símbolos tradicionales de Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Sobre esa viga se levanta una esfera armilar con los símbolos del Zodíaco. Y es que Atlas fue condenado a cargar con la bóveda celeste sobre sus hombros para evitar que se derrumbase sobre la tierra. De nuevo, Atlas es un equivalente luciferino: es castigado por su acto de rebeldía contra los dioses, y se sacrifica por el bien de la Humanidad. Curiosamente, tiene también cierto simbolismo vinculado con Jesús: ambos se opusieron al poder establecido y ambos pagaron por ello. Sin embargo, se han convertido en referentes. Esta es la única escultura del complejo que ha causado cierta controversia ya que, desnuda y pagana, se colocó enfrente de la Catedral de San Patricio, como retándola. Esto ha hecho que algún cristiano conspiranoico haya dicho que la escultura "desafía al cristianismo e incluso la democracia en la ciudad de Nueva York". Considero que es, cuanto menos, exagerado.

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OTRAS COSAS

El Rockefeller Center está lleno de asombrosos bajorrelieves, murales y esculturas, con interesantes simbolismos e imágenes ocultistas. Por desgracia, no podemos detenernos en todos ya que esta entrada es, con diferencia, la más extensa de todas y tampoco es cuestión de seguir alargándolo. Sin embargo, y ya para terminar, dejamos unas piezas más por aquí para que las podáis admirar por vuestra cuenta. Hay que tener en cuenta la influencia del mundo clásico, el paganismo, la omnipresencia de la antorcha de la Iluminación y la idea de que el hombre, a través del conocimiento, puede convertirse en dios.

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Mural que representa al Pensamiento (THOUGHT) como una figura divina enviando su regalo a los hombres y el destino de los que prefieren la ignorancia al saber

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La Humanidad bajo la antorcha de la Iluminación


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Una mujer (probablemente la personificación de América) sostiene una taza o cuenco del que emanan rayos de luz. Es el Grial, el símbolo del Conocimiento Divino y aquello de lo que hablamos en el último vídeo de YouTube que subimos y que podéis ver aquí. Todos los símbolos nos dan el mismo mensaje: el conocimiento de Dios está al alcance del hombre 

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